[Noalca-l] Ecuador: Dayuma y la sonrisa de Cheshire

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Lun Dic 17 16:36:19 CST 2007


Ecuador: Dayuma y la sonrisa de Cheshire


Pablo Dávalos*

ALAI AMLATINA, 12/12/2007, Quito.- La última 
semana de noviembre y principios de diciembre 
(2007), el régimen ecuatoriano enfrentó la 
movilización en la parroquia Dayuma, de la 
provincia de Orellana, y, al hacerlo, generó un 
hecho político de enorme significación que 
permite comprender el sentido que está 
adquiriendo la coyuntura y la política 
ecuatoriana en el mediano y largo plazo, en 
tiempos de socialismo de siglo XXI y de 
revolución ciudadana. La población de Dayuma se 
manifestó ante los incumplimientos del gobierno 
en materia de vialidad, energía eléctrica, y 
otras obras públicas que habían sido ofertadas 
por el gobierno.

A diferencia de las movilizaciones que hace 
algunos meses se efectuaron en la sierra centro 
sur en contra de la explotación minera, estas 
movilizaciones han tenido un inusitado despliegue 
en los medios de comunicación, y éstos empezaron 
a contrastar los argumentos del régimen y la 
dureza de la represión, con los testimonios de 
los pobladores que fueron brutalmente golpeados 
por el ejército, muchos de ellos fueron 
perseguidos en sus casas, de hecho el ejército 
con lista en mano, en la que constaban los 
nombres de los dirigentes de organizaciones 
sociales, empezó una cacería a éstos acusándolos 
de terrorismo; con esta estrategia mediática en 
la cual por vez primera la gran prensa 
ecuatoriana otorga un amplio espacio a las 
organizaciones de derechos humanos, se contribuyó 
a desvirtuar el argumento oficial de que la 
movilización había incluido la toma de pozos 
petroleros lo que había significado una enorme 
pérdida en el presupuesto gubernamental, así como 
el pronunciamiento gubernamental de que los 
manifestantes habían agredido con dinamita y 
armas a la fuerza pública y que ésta solamente se 
había limitado a garantizar el orden. Los medios 
de comunicación mostraron que la realidad distaba 
con mucho de las argumentaciones oficiales.

A primera vista se trata de un hecho político 
harto conocido y que viene desde los tiempos 
neoliberales: la población cansada ante tanta 
oferta demagógica decide salir a protestar y, 
dependiendo de las circunstancias, luego de la 
represión de rigor, arranca una o dos migajas del 
presupuesto, pero en esta ocasión no ocurrió así 
porque el gobierno de Alianza País vende la idea 
de que se trata de un régimen de izquierda, que 
está sintonizado con las necesidades populares, 
que no es un gobierno represivo y que está 
totalmente alejado de las prioridades del ajuste 
neoliberal.

De ahí la sorpresa que provoca el hecho de que el 
régimen enfrente con dureza y que empiece un 
proceso de criminalización a la protesta social 
bajo la figura del “terrorismo organizado” y el 
sabotaje, algo que no se había visto ni en los 
peores tiempos del neoliberalismo. Y el régimen 
confronta con dureza estas manifestaciones porque 
quiere generar un efecto demostración que 
atemorice a aquellos sectores sociales u 
organizaciones populares, sobre todo de las 
regiones afectadas por la producción petrolera y 
minera, de acciones similares. Se trata de cerrar 
cualquier válvula de expresión social que no sea 
aquella controlada políticamente por el régimen 
en momentos en los que cualquier tensión política 
pone en duda la legitimidad de su proyecto de 
largo plazo, en momentos en los se apuesta por 
una fuerte política extractivista de los recursos 
naturales.

Sin embargo, hay que añadir el contexto político: 
la Asamblea Constituyente. En efecto, el inicio 
de la Asamblea Constituyente no puede ser peor 
para el gobierno. Si bien es cierto que en las 
elecciones para asambleístas las listas oficiales 
ganaron con el 80% lo que les significó un 
control absoluto de la Asamblea, esta victoria 
puede revelarse un regalo emponzoñado. El régimen 
vio en su triunfo electoral en la Asamblea 
Constituyente un regalo de los dioses. Era la 
concesión de un poder absoluto al partido de 
gobierno en un hecho casi inédito en la política 
ecuatoriana. Incluso en los momentos de mayor 
profundización y radicalización de la reforma 
neoliberal, ningún gobierno pudo contar con tanto 
poder, y de ahí su necesidad de negociar y 
utilizar al sistema político como instrumento de 
negociación de la reforma neoliberal. Pero ahora 
el régimen de Alianza País no tiene oposición 
real de ningún tipo y eso a la larga es un 
problema. La poca oposición que puede existir 
solamente se convierte en un aditamento en la 
representación de la Constituyente que no cambia 
para nada el sentido de las políticas que se 
adopten, de ahí que éstas no tengan ese 
amortiguador o catarsis política que en el 
liberalismo representativo cumple la oposición.

Ahora bien, la Asamblea Constituyente se instala 
en medio del conflicto social y la guerra. Una 
semana antes de la instalación de la 
Constituyente el ejército ecuatoriano entraba en 
combates con las fuerzas irregulares de Colombia. 
El ministro de Defensa ecuatoriano, había hecho 
el juego a este involucramiento y escalada en el 
conflicto colombiano cuando había declarado que 
el Ecuador no limitaba al norte con Colombia sino 
con las FARC.

En la misma semana de instalación oficial de la 
Constituyente, la población de Dayuma se toma las 
calles y reclama por la desatención 
gubernamental. El ejército los reprime duramente 
y el régimen opta por cerrar los espacios de 
diálogo con los sectores organizados y declara a 
quienes participaron en estas jornadas de 
protesta como “terroristas y saboteadores”. El 
affaire le cuesta el puesto nada menos que al 
mentalizador del partido de gobierno y que 
cumplía como Ministro del Interior, Gustavo 
Larrea.

El partido político de la minoría, de derecha y 
con la representación de asambleístas más 
importante luego de Alianza País, el Partido 
Sociedad Patriótica, PSP, presenta al interior de 
la Asamblea Constituyente una moción de 
solidaridad con Dayuma, denuncia la represión 
sufrida por la población y provoca al régimen. Es 
una hábil maniobra política que confisca en su 
propio beneficio las luchas sociales y empieza 
desgastando a la Asamblea Constituyente porque 
los asambleístas de Alianza País cierran filas 
detrás del ejecutivo y demuestran que su posición 
política obedece a directrices directas desde la 
Presidencia de la República, esto es, la Asamblea 
Constituyente se convierte en una palanca del 
poder ejecutivo y no en un espacio de dirimencia 
para la construcción de proyectos políticos 
alternativos. La jugada de Sociedad Patriótica 
pone a la defensiva al régimen que trata de 
cerrar todas las voces críticas y disidentes 
incluso a su interior. Los asambleístas de 
Alianza País no comprenden que al cerrar filas 
tras el ejecutivo le hacen el juego a la derecha 
y no notan que el círculo alrededor de ellos 
empieza a cerrarse.

La brutal represión a la población de esta 
parroquia de la amazonía ecuatoriana, con las 
consecuentes declaraciones gubernamentales, y el 
hecho de que los pobladores hayan sido 
calificados y perseguidos bajo la acusación de 
terrorismo y sabotaje, ha generado una serie de 
consecuencias políticas que han debilitado al 
régimen y han puesto contra la pared a la misma 
Asamblea Constituyente, puede, entonces, hablarse 
de un “efecto Dayuma”, que podría servir para 
analizar la coyuntura ecuatoriana desde varias 
perspectivas:

* Texto completo en http://alainet.org/active/21163

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* Pablo Dávalos es economista y profesor universitario ecuatoriano.


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