[Noalca-l] Por un multilateralismo no neoliberal
"Alianza Social Continental - México (RMALC)"
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Lun Dic 17 16:39:38 CST 2007
Por un multilateralismo no neoliberal
Raúl Zibechi
ALAI AMLATINA, 13/12/2007, Montevideo.- Tal vez
la forma más adecuada de abordar algunos
conflictos sociales que están sucediendo en
nuestro continente, sea a través de una mirada de
larga duración, como la que habitualmente ensaya
el sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein.
No hacerlo así, implica correr el riesgo de
atribuirlos a caprichos personales de algunos
presidentes o a la particular irresponsabilidad
de las empresas involucradas en esos conflictos.
En efecto, varias de las situaciones más
complejas para los movimientos sociales tienen en
común dos hechos notables: forman parte de la
nueva oleada neoliberal y se producen bajo
gobiernos de signo progresista que buscan, de
forma explícita, la construcción de un mundo
multipolar. El ayuno del obispo brasileño Luiz
Flavio Cappio contra la transposición del río San
Francisco, la brutal represión contra los vecinos
de Dayuma (Ecuador) que demandaban obras
postergadas y el conflicto en torno a la fábrica
de celulosa Botnia que enfrenta a los gobiernos
de Uruguay y Argentina, reúnen ambas
características señaladas. Similares
consideraciones pueden hacerse respecto a los
monocultivos de soja y caña de azúcar, así como
las concesiones para la explotación minera en el
área andina.
Las obras que demanda la transposición del río
brasileño de 2.800 kilómetros, se realizan con la
excusa de llevar agua a 12 millones de
nordestinos pobres que sufren escasez en la época
seca. Pero diversos estudios mostraron que las
faraónicas obras, cuyo costo se estima en algo
más de 3.000 millones de dólares, beneficiarán
sobre todo a los grandes empresarios del Nordeste
que producen camarones, frutas nobles y etanol
para el mercado internacional. La Agencia
Nacional de Aguas y Energía propone una
alternativa más barata para atender las
necesidades de los pobres sin agua, consistente
en 530 obras que abastecerían a 1.300 municipios
de la región a un costo que es sólo la mitad del
que demanda el desvío de las aguas del río San
Francisco.
Es la segunda vez que Dom Cappio realiza una
huelga de hambre. La anterior fue en 2005 y la
finalizó ante el compromiso de Lula da Silva de
abrir un debate con la sociedad para evaluar las
obras que liquidarían un río emblemático. Volvió
a ayunar desde fines de noviembre porque en julio
el gobierno envió a los militares a comenzar las
obras. La Pastoral de la Tierra y muchos
movimientos, entre ellos el MST, rodearon el
ayuno de una amplia solidaridad. Llama la
atención, e indigna, la reacción del gobierno.
Durante dos semanas silencio absoluto. Pero el
domingo 10, un artículo del ministro de
Integración Nacional, Geddel Vieira Lima,
publicado en Folha de Sao Paulo, acusa al obispo
de "fundamentalista", de "despreciar las
instituciones" y de "terrorismo simbólico".
Vieira no es miembro del Partido de los
Trabajadores (PT) sino del Partido del Movimiento
Democrático Brasileño (PMDB), pero forma parte
del gobierno Lula.
En Dayuma, en la provincia de Orellana, la
represión a los pobladores se justificó porque a
raíz de la protesta social se paralizó la
producción petrolera por unas horas. El gobierno
progresista de Rafael Correa militarizó un
conflicto social enviando al ejército que
reprimió con brutalidad, decretó el Estado de
Emergencia e impidió -amenazando con su renuncia-
que la Asamblea Constituyente se ocupe del tema.
Dayuma es una parroquia pobre, donde falta agua y
luz, los suelos son infértiles por la
contaminación y los campesinos sufren pérdidas
por muerte de animales y daño de cultivos.
En Uruguay, el gobierno de Tabaré Vázquez
militarizó en su momento la zona donde está la
multinacional finlandesa Botnia, para evitar
manifestaciones de ambientalistas. Exacerbando el
nacionalismo, cerró los puentes e instaló
guardias policiales para impedir que los miembros
de la asamblea ambiental de la ciudad argentina
de Guyaleguaychú, cruzaran el río para manifestar
su rechazo a la planta de celulosa que comenzó a
funcionar el mes pasado. El modelo
forestación-celulosa fue instaurado por los
gobiernos neoliberales de los años 90, pero ha
sido asumido por el actual gobierno progresista
al punto que se estima que pueden instalarse
entre tres y seis grandes plantas en los próximos
años.
En cada caso se justifican los emprendimientos
con argumentos similares: nada puede poner en
riesgo el desarrollo de nuestros países,
entendiendo por desarrollo los
megaemprendimientos que suponen crecimiento
exógeno, basado en la exportación de commodities
y materias primas que dejan poco y nada al país.
Pero en los tres casos, se asiste a una
criminalización de la protesta social porque se
la considera -aunque no se lo diga siempre de
modo directo- como un estorbo para los proyectos
desarrollistas de esta segunda oleada neoliberal.
El potente crecimiento económico de Brasil -dicen
desde el gobierno- es un requisito para elevar al
país y a la región toda al rango de potencia
global, lo que permitiría acotar las
vulnerabilidades y dar un paso hacia el
multilateralismo en la región y en el mundo. En
Ecuador, el multilateralismo queda en evidencia
con el anuncio de Correa del traspaso de la base
de Manta a China, y la puesta en marcha del eje
Manta-Manaos que forma parte de la Iniciativa
para la Integración de la Infraestructura
Regional Suramericana (IIRSA). En ese corredor
carretero y fluvial juega un papel destacado el
eje petrolero denominado ITT (en las provincias
Napo y Pastaza) que sería entregado a las
empresas Petrobras (Brasil), Sinopec (China) y
Enap (Chile).
Desde una mirada centrada en los movimientos
sociales, un mundo multipolar es mucho más
favorable que uno unipolar hegemonizado por los
Estados Unidos. Este punto parece fuera de
discusión. Sin embargo, lo que venga a raíz de la
decadencia del imperio norteamericano, no será un
paso adelante si forma parte del mismo modelo
neoliberal contra el que los pueblos, organizados
en movimientos, se pusieron en marcha. Para que
el declive de la influencia de Washington
favorezca a los sectores populares
latinoamericanos, el lugar que sus
multinacionales dejan vacante no deben ocuparlo
otras empresas multinacionales (sean del país que
sean), sino los estados en los que esos sectores
pueden hacer pesar su vigilancia y su voluntad de
cambios.
En la década de los 90, nuestro continente fue
invadido por multinacionales europeas que se
beneficiaron de las privatizaciones. El desastre
que provocaron no fue menor que el de las
multinacionales yankis. Ahora aterrizan empresas
chinas, indias, mexicanas y brasileñas. ¿Vamos a
confiar en que esta vez no volverán a esquilmar
nuestros recursos y humillar a nuestros pueblos?
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