[Noalca-l] Cumbre presidencial Brasil: conflictos y tensiones

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Jue Dic 11 18:16:34 CST 2008


Conflictos y tensiones en América del Sur 
afectarán la cumbre convocada por Brasil


Escrito por Eduardo Gudynas

Correio da Cidadania, Rio de Janerio, 10-Dez-2008



El gobierno Lula ha convocado a una cumbre 
presidencial de América Latina y el Caribe para 
analizar la marcha de la integración y discutir 
sobre la crisis global. El encuentro, que tendrá 
lugar en Salvador (Bahia), comienza con una 
cumbre presidencial del MERCOSUR, seguida por un 
encuentro de todos los jefes de Estado de la región, el 16 y 17 de diciembre.

La cumbre está enmarcada en tensiones, e incluso 
conflictos, entre varios gobiernos, y no pocos de 
ellos tienen su epicentro en Brasil. Semanas 
atrás, el secretario general de la Organización 
de Estados Americanos (OEA), el chileno José 
Miguel Insulza, admitía que existen al menos 
cuatro conflictos preocupantes: la situación 
interna de Bolivia; la controversia entre 
Colombia y Ecuador originado en el ataque 
colombiano a un campamento de las FARC en suelo 
ecuatoriano; la agria disputa entre Argentina y 
Uruguay iniciada por una planta de celulosa; y 
finalmente, un incipiente altercado entre 
Paraguay y Brasil. Pero un examen más atento, y 
sin las ataduras de la diplomacia convencional, 
muestra que la situación es todavía más 
complicada y tensionada. Examinemos algunos ejemplos ilustrativos.

La disputa entre Ecuador y Colombia sigue su 
marcha, a pesar de los intentos apaciguadores. El 
gobierno de Rafael Correa mantiene la disputa con 
Alvaro Uribe, aunque también están claras sus 
divergencias con Perú y sus críticas a la UNASUR, 
todo lo cual desemboca en su acercamiento al 
proyecto del ALBA, promovido por Hugo Chávez.

El conflicto entre Argentina y Uruguay sigue su 
marcha. El elemento clave es el rechazo de un 
grupo vecinal argentino a una planta de celulosa 
en Uruguay, expresada por el bloqueo de uno de 
los puentes internacionales que une a los dos 
países. Esa medida recibió un fuerte respaldo del 
gobierno de Néstor Kirchner, y ha sido tolerada 
por el de Cristina Kirchner. Ese bloqueo del 
puente acaba de cumplir dos años, sin que 
resultara en un impacto significativo sobre la 
planta de celulosa (que ya se terminó de 
construir, y opera desde hace meses), aunque 
generó una amplia aversión en la población 
Uruguay. Esta disputa no pudo manejarse dentro 
del MERCOSUR y actualmente es considerada por la 
Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Pero sus consecuencias se siguen expandiendo. Su 
sombra está en las discusiones sobre el dragado 
en el Río de la Plata (también compartido entre 
los dos países), y explica el reciente veto 
uruguayo a la candidatura del expresidente Néstor 
Kirchner para ser el segundo secretario general 
de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).

Ese fue un duro golpe para la más reciente 
iniciativa integracionista. Si bien UNASUR fue un 
nombre promovido por Hugo Chávez, su estructura 
final fue moldeada por Itamaraty. Sus inicios 
fueron vacilantes, ya que el primer secretario, 
Rodrigo Borja, ex presidente de Ecuador, renunció 
durante la cumbre por la cual se firmó el 
tratado, cuestionando las trabas de varios 
gobiernos, especialmente Brasil, a un verdadero 
proyecto integracionista. La idea de suplantar a 
Borja por Kirchner fue lanzada por el presidente 
de Ecuador, Correa, y fue recibida con extrañeza 
ya que es bien conocida su lejanía con la vida 
diplomática. Si bien Uruguay expresó públicamente 
su rechazo a la candidatura, ha quedado en claro 
que su actitud es acompañada por los gobiernos de 
Colombia y Perú (cuyo canciller dejó en claro que 
es indispensable el consenso para ese nombramiento).

Esto contrasta con la efectiva gestión de UNASUR 
en el conflicto interno en Bolivia. Los países 
sudamericanos, conjuntamente con la OEA, apoyaron 
el gobierno constitucional de Evo Morales, y han 
jugado un papel importante en estabilizar la 
situación e investigar una matanza campesina en 
el norte del país. Su presencia ha sido efectiva 
en detener a las fuerzas reaccionarias de la derecha autonomista.

Pero las relaciones sudamericanas rechinan en 
otros sitios, como entre Brasil y Paraguay. El 
nuevo presidente Fernando Lugo ha señalado la 
necesidad de revisar el tratado de la represa de 
Itaipú que comparte con Brasil, lo que es 
rechazado por Itamaraty. A su vez, la cancillería 
brasileña mira con preocupación los embates 
contra agricultores brasileños residentes en 
Paraguay, quienes a su vez son denunciados por 
impactos en las comunidades locales o por el mal 
uso de agroquímicos. En ese contexto, Paraguay 
prohibió la venta de tierras cultivables a 
extranjeros, una medida que fue rechazada por inmigrantes brasileños.

La situación se complicó más con la maniobras 
militares realizadas por Brasil en zonas cercanas 
a la frontera con Paraguay, a mediados de 
octubre, y que no recibieron mucha atención en 
los medios de prensa convencionales. Si bien 
otros ejercicios similares se realizaron en las 
fronteras con Bolivia, Argentina y Uruguay, aquel 
movimiento despertó preocupación en Asunción. 
Tuvo lugar un confuso episodio donde se denunció 
que soldados de Brasil cruzaron la frontera sobre 
Paraguay. Por si fuera poco, la prensa reportó 
que el jefe de Comando Militar del Sur de Brasil, 
general José Carvalho Siqueira, habría afirmado 
que si Lula se lo ordenara, ocuparían Itaipú para 
demostrar al Paraguay que "los militares 
brasileños están atentos y preocupados con la 
situación de los brasiguayos" (término aplicado a 
los brasileños y sus descendientes residentes en 
Paraguay). Esto desembocó en una dura reacción 
desde el gobierno Lugo, incluyendo consultas con 
embajadores, hasta que Lula pidió disculpas en un encuentro personal.

Esta situación estaría relacionada, según algunos 
analistas, con el Sistema Nacional de 
Movilización, aprobado por el gobierno Lula a 
fines de 2007, ya que además de defender 
territorio brasileño tiene por objetivos proteger 
los intereses de Brasil y de sus ciudadanos, y en el exterior

Entretanto, Brasil también está envuelto en un 
conflicto en Ecuador. El gobierno de Rafael 
Correa denunció en las últimas semanas a la 
empresa Odebrecht por la defectuosa construcción 
de una represa. A diferencia de las disputas 
entre Brasil y Bolivia, que poco a poco volvieron 
a encauzarse, en este caso el gobierno 
ecuatoriano decidió suspender los pagos a Brasil 
del préstamo recibido para esa obra, y el 
gobierno Lula respondió llamando a su embajador en Quito.

La prensa convencional de Brasil reaccionó como 
tantas otras veces con un fuerte sesgo emocional 
y nacionalista. Pero desde el punto de vista 
ecuatoriano es oportuno recordar que las 
tensiones tienen varios antecedentes. Entre ellos 
está el desempeño de Petrobrás en la extracción y 
exploración de petróleo en la Amazonia de 
Ecuador, rodeada por denuncias de impactos 
sociales y ambientales, y perjuicios económicos 
para el gobierno ecuatoriano. Ahora se suma el 
papel de la constructora Odebrecht, cuyas 
operaciones en el exterior son financiadas en 
buena medida por el propio gobierno Lula. Esto 
explica que algunos consideran que Brasilia 
defiende el capitalismo corportativo (ver Lições 
da crise, por Paulo Passarinho em Correio da 
Cidadania 
<http://www.correiocidadania.com.br/content/view/2640/9/>http://www.correiocidadania.com.br/content/view/2640/9/). 


De todos modos, desde Brasilia se sostiene que no 
se rechaza los cuestionamientos a Odebrecht, o el 
pedido de arbitraje que Ecuador solicitó frente 
al BNDES. La irritación se debería a la 
publicidad dada al conflicto y la falta de 
consultas previas. Pero desde la perspectiva 
ecuatoriana la situación es todavía más compleja, 
ya que si bien Correa lanza muy duras acusaciones 
en público, en realidad existieron opciones de 
salida para Odebrecht por medio del pago de 
multas, que a juicio de algunos analistas ecuatorianos eran de muy bajo valor.

Finalmente, entre las tensiones más recientes se 
encuentra las desatadas por la licencia ambiental 
para construir la usina de Jirau (RO), la primera 
de una serie en el Río Madeira, a cargo de la 
empresa Suez Energy. Ese río es compartido con 
Bolivia, y los grupos ambientalistas bolivianos y 
brasileños, junto al gobierno de La Paz, han 
advertido sobre los impactos ambientales 
transfronterizos de la obra. Bolivia y Brasil 
tuvieron varios desencuentros debido al comercio 
en gas natural y el papel de Petrobrás, pero 
lograron superarlos. Ahora aparece esta nueva 
disputa que el ministro de relaciones exteriores 
de Bolivia califica como uno de los "temas 
sensibles" en las relaciones bilaterales.

En la dimensión comercial tampoco existen 
avances. En el seno del MERCOSUR se ha rechazado 
en dos ocasiones en los últimos meses las 
propuestas proteccionistas de Argentina, mientras 
que todo indica que en la cumbre de Bahia tampoco 
se aprobará el Código Aduanero común. Entretanto, 
sus miembros han dejado de negociar como bloque 
dentro de la OMC (Organización Mundial de 
Comercio), ya que Argentina y Brasil vuelven a 
discrepar también en el espacio global.

Por lo que se puede ver en el seno del MERCOSUR 
existen conflictos involucrando a sus cuatro 
socios plenos, casi todo en temas de recursos 
naturales y zonas de frontera. Lo mismo ocurre 
dentro de América del Sur. Varios de estos 
conflictos envuelven a Brasil, aunque la 
evaluación del gobierno Lula no lo reconoce. Por 
ejemplo, el ministro de Asuntos Estrategicos, 
Roberto Mangabeira declaró "Nós (Brasil) contamos 
com imensa simpatia no mundo. Ninguém é contra nós" (Estado S. Paulo, 30 nov).

Este breve repaso de algunos de los problemas más 
recientes a nivel regional muestra que la cumbre 
presidencial que tendrá lugar en Bahia enfrenta 
varias limitaciones, no solo con los viejos temas 
(como las cuestiones comerciales), sino también 
con la proliferación de tensiones fronterizas por 
recursos naturales. El papel de Brasil en ese 
evento es clave, y debería pasar a propuestas 
preactivas para manejar las asimetrías y 
conflictos fronterizos. Sin duda que en las 
conferencias de prensa se repetirán los llamados 
a la integración continental, pero se debería 
reconocer que bajo el actual estilo de desarrollo 
extractivo de recursos naturales, ese sueño todavía aparece distante.



Eduardo Gudynas é analista de informação no D3E 
(Desenvolvimento, Economia, Ecologia e Eqüidade), 
centro de investigações dos assuntos latino-americanos sediado em Montevidéu.

<http://www.correiocidadania.com.br/content/view/2682/9/>http://www.correiocidadania.com.br/content/view/2682/9/ 



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