[Noalca-l] [Solidaridadconcuba] DISCURSO IMPORTANTE DE RAUL CASTRO ANOCHE ANTE EL PARLAMENTO CUBANO (discurso, nota de La Jornada)

tawa tarzan tawacolima en yahoo.com.mx
Sab Jul 12 13:37:17 CDT 2008


Oye, peter el MMSC no debe ser un simple divulgador acritico y simple de los @ del gobierno cubano. Para tal caso, están las paginas de ellos. Mucha gente preferimos informarnos directamente de ellos. El movimiento de solidaridad debe informar que hacemos los mexicanos por Cuba y que pensamos de lo que ellos hacen y proponen ellos. Aunque tengamos puntos de vista diferentes a ellos. El monolitismo ese que tareen ustedes mengua la vida de la solidaridad y desconecta las acciones de soidaridad mexicana. nadie sabe, quienes somos, en donde estamos, que hacemos. Ya cambienle al centralismo burocratico que mata la solidaridad. No creo que los amigos cubanos, quieran eso... Tal parece que el MMSC solo existe si ustedes lo dicen o  lo haces... porque solo mandas correos informativos de lo que tu y los otros hacen y no informan de lo que los demás hacemos. Corrijan el rumbo... bueno, si quieren...
Un saludo.
tawa 



----- Mensaje original ----
De: pedro gellert <mmsc2002 at prodigy.net.mx>
Para: solidaridadconcuba at listas.laneta.apc.org
Enviado: sábado, 12 de julio, 2008 7:51:51
Asunto: [Solidaridadconcuba] DISCURSO IMPORTANTE DE RAUL CASTRO ANOCHE ANTE EL PARLAMENTO CUBANO (discurso, nota de La Jornada)


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CUBA:
50 AÑOS DE REVOLUCION
80 AÑOS DEL NATALICIO DEL COMANDANTE ERNESTO "CHE
GUEVARA"

GRAN MARCHA EN SOLIDARIDAD CON CUBA
Sábado, 26 de julio
12h Hemiciclo a Juárez a la Embajada de EUA, Cd. de México
para carteles, volantes, llama al 5782-2564

FESTEJO/BAILE 
"De corazón a corazón va por Cuba este Son"
¡Música cubana!
Kike y su aché
desde Santiago de Cuba: Son Caliente
de México: Son de Maíz
con comida y bebidas cubanas
Viernes, 25 de julio, a partir de las 8pm
Salón Los Angeles, Calle Lerdo 206 esq. con Flores Magón
Col. Guerrero (Metro Tlatelolco)
boleto: 120 pesos 
para boletos llama a:
5782-2564, 044-55-1849-9274

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La producción de alimentos es estratégica para la Revolución

Discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, 
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en las 
conclusiones de la primera sesión ordinaria de la VII Legislatura de 
la Asamblea Nacional del Poder Popular

(Anuncia el General de Ejército Raúl Castro, presidente de los 
Consejos de Estado y de Ministros, que se entregarán tierras en 
usufructo a todo aquel que sea capaz de ponerlas a producir de 
inmediato. Cada inversión que se haga tendrá que estar respaldada por 
un resultado. Se incrementará la edad de jubilación y las prestaciones 
sociales. Cuba nunca adoptará ninguna medida por presiones o
chantaje)

(Para ver y escuchcar el discurso: 
http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2008-07-12/la-produccion-de-aliment
os-es-estrategica-para-la-revolucion-/)

Compañeras y compañeros: 

La Declaración de apoyo a nuestros cinco compatriotas que sufren 
injusta prisión en cárceles de los Estados Unidos, aprobada por esta 
Asamblea, es otra modesta acción en la lucha por su libertad, en la 
que no cejaremos hasta su regreso, con el apoyo creciente de quienes 
en el mundo creen en la justicia.

A Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René, enviamos un fuerte abrazo 
del Parlamento cubano (Aplausos).

Una parte importante de las reuniones de ayer y en esta primera 
sesión, por la mañana, aunque más breve, la dedicamos a analizar 
asuntos tan vitales como la protección del trabajador y su derecho a 
un retiro justo.

El anteproyecto de la nueva Ley de Seguridad Social —y repetimos 
algunas de las cuestiones que ya ustedes han tratado con profundidad, 
para información directa a nuestro pueblo—, y sobre todo los cambios 
propuestos en la edad de jubilación y los años laborados para tener 
derecho a ella, se corresponden con la realidad de un país donde la 
esperanza de vida es cada vez más alta y la natalidad se mantiene, 
desde hace algunos años, en cifras muy bajas, fenómenos típicos de 
países desarrollados, lo único que en nuestro caso es en un país 
subdesarrollado y tiene sus propias características, por lo
tanto.

Permítanme dedicar unos minutos a insistir, ampliar o actualizar sobre 
algunos de los datos que ustedes recibieron o fueron expuestos, ayer y 
hoy, como ya dijimos, brillantemente por el Ministro de Trabajo y 
Seguridad Social, sobre todo en la versión de ayer, que fue mucho más 
amplia, acerca de estos dos indicadores: esperanza de vida y 
natalidad, que fundamentan la necesidad de modificar la Ley de 
Seguridad Social, con el objetivo de informar directamente a nuestro 
pueblo, como ya dijimos.

Aquí tengo el “Resumen ejecutivo del cálculo de la Esperanza de Vida 
en Cuba”, concluido hace sólo unos días por la Oficina Nacional de 
Estadísticas y que todavía no se ha publicado.

Leo un párrafo del mismo:

“Cuba alcanza en el período 2005-2007 una esperanza de vida al nacer 
de 77,97 años para ambos sexos: 76 para los hombres y 80,02 para las
mujeres”.

Dicho en otras palabras, ese privilegio que disfrutan por igual todos 
los cubanos, nos sitúa dentro del 25% de la población del planeta 
cuyos niños pueden aspirar a vivir 77 o más años. Significa también 
que nuestros compatriotas viven cinco años más que el promedio del 
resto de los latinoamericanos y caribeños.

No hay diferencias notables entre las provincias, pero como dato 
curioso les digo que la de más bajos resultados es la capital con 
76,81 años. ¿Dónde están los habaneros, de la capital, me refiero? 
Están allí, bien, los saludo; y los más altos están en Las Tunas con 
79,28. ¿Dónde están los tuneros? Los felicito. Así que no aconsejo 
emigrar de oriente a occidente a quienes aspiran a vivir lo más 
posible (Risas).

Cabe un chiste, si me lo permiten. Esto último que dije en la realidad 
debiera ser así, pero no va a poder ser así; porque, por ejemplo, 
ningún habanero quiere ser policía, y hay que traer, no miles, decenas 
de miles de policías, sobre todo de las provincias orientales, con los 
problemas que eso trae, y que cuando ya tienen experiencia quieren 
retornar, una gran parte, como es natural, al lado de su familia, por 
la falta de vivienda, etcétera, etcétera.

Parece que los habaneros ninguno quiere ser policía. No va a poder ser 
así como expresábamos en el documento —y sigo haciendo el chiste; mis 
chistes llevan de vez en cuando algún mensaje—, porque, ¿quién va a 
construir en La Habana si no vienen de casi todo el país y muy 
especialmente de oriente constructores?, porque en La Habana casi 
nadie quiere ser constructor; parece que hay muchas posibilidades, 
aunque todos los trabajos son honrosos. Hasta maestros hay que traer 
de las provincias del interior, y sobre todo de oriente, para la 
capital. Y la capital creo que es la que más habitantes tiene.

En el futuro —nos rompemos la cabeza—, cómo resolvemos el problema de 
los policías, cómo resolvemos el problema, más complicado aún, de la 
falta de constructores, con tantas cosas que hay que construir, con 
las empresas de materiales de construcción que estamos haciendo un 
esfuerzo por desarrollar, con inversiones en nuevas fábricas de 
cemento que se están proyectando y el incremento o ampliación de las 
existentes, como uno de los componentes principales para la 
construcción, etcétera, etcétera.

Yo pienso —y sigo en el chiste, advertiré cuando concluya—, y le decía 
al ministro del Interior, Colomé, en días pasados cuando analizábamos 
estos problemas: “Va a llegar el momento en que tendremos que 
plantearles a todas las provincias, incluso, a la microprovincia de mi 
amigo Kcho —digo microprovincia porque es un municipio especial que 
siempre ha aspirado a ser provincia, y no puede ser porque va a salir 
más caro—, que cada una de las provincias debe tener sus 
constructores, debe tener sus propios maestros, y debe tener sus 
propios policías, por solo mencionar tres actividades
importantes.

¿Qué opinan ustedes? Creo que hay que buscarlos, tenemos que ponernos 
a pensar. Si no vienen los orientales a cuidar los habaneros, empiezan 
a incrementarse los robos... Es solo para que piensen.

Se acabó el chiste, sigo en el discurso.

En el período 1950-1955, etapa en la que atacamos el Cuartel Moncada, 
la esperanza de vida al nacer era de poco más de 59 años, o sea, desde 
entonces se ha incrementado casi 20 años, a pesar de las dificultades 
impuestas por el bloqueo y el resto de las agresiones del imperio, a 
las que se sumaron posteriormente los problemas derivados del período 
especial. Es sin duda una gran victoria de la Revolución.

Otro indicador muy importante, por su implicación en el tema que 
analizamos, es cuánto más vivirá como promedio un cubano que en estos 
momentos arribe a los 60 años de edad. Es lo que se denomina esperanza 
de vida geriátrica —o sea, lo que se vive después de los 60 años de 
edad—, que actualmente es de 20,8 años para los hombres, el octavo 
lugar a nivel mundial junto a Francia e Italia —añado que Estados 
Unidos ocupa el 10—, y para nuestras mujeres esa esperanza de vida 
geriátrica es de 23,4 años, el puesto 16 en el planeta y por delante 
de países como el Reino Unido, Dinamarca y Noruega.

A esos años de jubilación hay que agregar los más de veinte que como 
norma abarca la etapa de niño y estudiante, en que lógicamente tampoco 
se produce nada, sino se adquieren los conocimientos necesarios, 
cuestión igualmente esencial.

O sea, durante un período superior a los 40 años, algo más de la mitad 
de la expectativa de vida de un cubano, todos los gastos en que 
incurre los asumen quienes trabajan, que como explicaré más adelante 
—y ya se ha hablado sobre ese tema ayer y hoy— tienden a ser cada vez 
menos los que trabajan.

Es una situación demográfica y económica muy diferente a la existente 
el primero de mayo de 1963, que fue el año en que la Revolución 
promulgó la Ley 1100, que por primera vez garantizó en nuestro país 
seguridad social a todos los trabajadores y sus familias.

A partir de ese día, el Estado revolucionario asumió además los gastos 
de las 55 llamadas “cajas de retiro”, existentes hasta entonces, 
incapaces de pagar las pensiones a miles de obreros que habían 
contribuido a estas durante toda su vida laboral, para enterarse en la 
vejez que esos fondos fueron robados por funcionarios de los gobiernos 
corruptos anteriores a 1959, y sobre todo por la tiranía batistiana, 
dejándolos en total desamparo.

De esa fecha, mayo de 1963, data el establecimiento de la edad de 
jubilación en 60 años para los hombres y 55 para las mujeres. Un 
momento en que el principal problema del país eran los miles de 
desempleados existentes, cuando los indicadores de la natalidad 
rompían el récord histórico y la esperanza de vida era aún 
relativamente baja; en el año 1963 era de 62 años.

La realidad actual es radicalmente distinta e impone extender la vida 
laboral activa de los ciudadanos. Recuerden que en el presupuesto 
aprobado por esta Asamblea para el presente año, los gastos de la 
seguridad y asistencia social representan el 13,8%, una cifra cercana 
a los 5 200 millones de pesos.

A lo anterior se suma el problema de la baja natalidad, persistente 
desde hace varias décadas. Este y otros factores motivaron que la 
población ha ido disminuyendo ligeramente en los últimos años.

En el 2006 los nacimientos llegaron al nivel más bajo en los últimos 
60 años y la población decreció en más de 4 mil habitantes respecto al 
año anterior. El año pasado, 2007, decreció un poco menos, producto de 
un pequeño incremento de la natalidad, pero se mantuvo la
tendencia.

La combinación de todos esos procesos comienza a reflejarse de manera 
desfavorable en la población en edad laboral. Si en 1980 arribaron a 
ella —o sea, a la edad laboral, en 1980, hace cerca de 30 años— más de 
238 mil jóvenes, el pasado año esa cifra fue de algo más de 166 mil —o 
sea, 72 mil menos— y se estima descenderá hasta unos 129 mil para el
2020.

Esos mismos pronósticos indican —como repitió en la mañana de hoy el 
Ministro del Trabajo— que en el año 2025 habrá unos 770 mil ciudadanos 
menos en edad laboral que los actuales y en los términos de la Ley de 
Seguridad Social vigente, serían más los que saldrían de la vida 
laboral activa que los que se incorporarían a ésta.

Son además problemas, como todos los demográficos, que no pueden 
solucionarse en cortos plazos ¡y el tiempo pasa rápido!

Las personas con más de 60 años constituyeron en el 2007 el 16,6% de 
los habitantes del país (un año antes eran el 15,9%, o sea, en el 
2006), y seguirá aumentando esta proporción en forma cada vez más 
pronunciada en los próximos años.

En realidad, no hemos descubierto nada nuevo. Como reflejan los datos 
en poder de ustedes, las modificaciones incluidas en este Proyecto de 
Ley se aplican desde hace años por naciones que enfrentan similar 
situación demográfica —las cifras exactas las dio por la mañana el 
compañero Morales Cartaya: los países desarrollados en general y la 
cantidad que han tenido que dar este paso—, a pesar de que, como es 
conocido, estos amortiguan los efectos negativos mediante el robo de 
cerebros y la importación de mano de obra barata procedente del Tercer 
Mundo. Y cuando se presentan situaciones de crisis se produce el 
fenómeno que acabamos de criticar con esta declaración aprobada por la 
Asamblea hace unos instantes.

Algunos datos. Edad de jubilación en los Estados Unidos, 65 años, 
tanto los hombres como las mujeres; igual en Canadá y México, entre 
otros de América. En Europa existen los mismos parámetros de 65 años 
para ambos sexos en Finlandia, Suecia, España y Alemania; y en Asia, 
Japón. Pudieran citarse otros.

Veamos los que tienen establecido 65 años para los hombres y 60 para 
las mujeres —como se propone en nuestro caso. En América están 
Argentina, Brasil y Chile, entre otros; en Asia, Israel e Irán, y en 
Europa Italia, Polonia, Rumania y Austria —que, esta última, ya 
anunció lo elevará a 65 años para las mujeres. Hay más ejemplos.

Además, muchos países han privatizado el sistema de seguridad social o 
no abarca a toda la población. En buena parte del mundo, el 
neoliberalismo ha optado sencillamente porque el Estado se vaya 
quitando de encima el problema y cada cual se las arregle como
pueda.

Y no se trata sólo de cifras, es evidente que la generalidad de los 
cubanos, como todos aquellos que en el mundo cuentan con adecuados 
servicios de salud y una alimentación satisfactoria, llegan en buenas 
condiciones físicas y mentales a los 60, los 65 e incluso a edades más 
avanzadas. Es algo que se aprecia a simple vista, aunque como ocurre 
en toda regla, hay excepciones que la Ley tiene en cuenta.

Además, en su inmensa mayoría son profesionales, técnicos o personas 
que dominan un oficio valioso, a veces deficitario y sumamente 
necesario al país, por tanto se sienten en posibilidades de seguir 
aportando y de recibir la retribución correspondiente.

Esta es una vía al alcance de las reales posibilidades económicas 
actuales, de incrementar los ingresos de un importante sector de la 
población, me refiero, desde luego, a quienes se jubilen de acuerdo 
con las normas de la nueva ley.

Me he extendido, pero pienso que el tema lo merece.

El anteproyecto de Ley presentado incluye otras posibilidades, como la 
de reincorporarse al trabajo recibiendo el salario completo a quien se 
jubile bajo las nuevas reglas, repito: bajo las nuevas reglas. También 
modifica el cálculo de las pensiones, de forma que los que se jubilen 
cumpliendo los nuevos requisitos de edad y número de años trabajados, 
recibirán una pensión superior, más en correspondencia con el aporte, 
el salario y la permanencia laboral.

Además se estudia, aunque no como parte de esta Ley, la posibilidad de 
tener más de un contrato laboral y percibir la totalidad de los 
ingresos correspondientes, por la persona que lo desee, el denominado 
pluriempleo.

Como ya se ha explicado, la aplicación de las nuevas reglas será un 
proceso gradual que abarcará los próximos siete años, con el objetivo 
de no afectar a los trabajadores que arribarán en ese período a las 
edades de jubilación previstas en la Ley actual, y deseen acogerse 
sólo a sus beneficios.

Incluso se pensó inicialmente en una etapa de transición de diez años, 
pero mientras más la extendamos, se nos vendría encima una crisis cada 
vez mayor, ya que, como se ha anunciado, a partir del año 2020 —que 
faltan sólo 11 años— serían más los que saldrían de la vida laboral 
activa que los que se incorporarían a ésta, en los términos de la Ley 
de Seguridad Social vigente. Recuerden, además, lo que se dijo 
también, y hace unos momentos lo decía en este discurso, en el año 
2025 tendremos unos 770 000 trabajadores menos. De ahí la decisión de 
proponer que sean en siete años.

Una vez incorporadas las consideraciones emitidas por los diputados en 
estos días y las que se recibirán de las consultas previstas con los 
trabajadores, se redactará el proyecto de Ley que someteremos a la 
aprobación de la Asamblea en la próxima sesión ordinaria, a finales de
año.

Es un nuevo paso, de los muchos que habrá que dar, en el 
establecimiento de normas y mecanismos dirigidos a que el salario 
recupere su papel.

Añado solamente que se continúa estudiando integralmente el problema 
del salario, para irlo incrementando de manera gradual y según 
prioridades. No menciono fechas ni sectores. Dependerá de la situación 
económica del país, inevitablemente vinculada a la crisis existente 
hoy en el mundo, la cual puede incluso agravarse. Es mi deber 
expresarlo con franqueza, pues no sería ético crear falsas 
expectativas. Decir lo contrario sería engañarlos.

Paso a abordar otro importante asunto: hoy nos faltan maestros y 
profesores. Por diversas causas miles ya no están en las aulas, 
algunos por jubilarse y otros al asumir nuevas responsabilidades fuera 
del sector de la educación, pues resultan cuadros idóneos para 
múltiples tareas y en todas partes los apetecen. A estos factores se 
suman los problemas del salario.

Y como una muestra de lo que dije, a los que ejercen o no, en el 
Consejo de Estado y en el Parlamento, yo les rogaría a los presentes 
que levanten la mano aquellos que lo son, o fueron maestros o 
profesores (Un grupo lo hace). ¿A ver en el Consejo de Estado? (Otros 
también). Podríamos fundar casi una universidad con ustedes
(Risas).

Por lo tanto, hago un llamado a esos maestros y profesores a regresar 
a su noble profesión. En el caso de los jubilados aún con 
posibilidades de aportar su profesionalidad y experiencia frente a un 
aula, propondremos al Consejo de Estado, antes de que comience el 
nuevo curso escolar en el próximo septiembre, que hasta tanto se 
apruebe la nueva Ley de Seguridad Social a fines de año, autorice 
provisionalmente y de forma excepcional, que reciban desde su 
reincorporación, o sea, los maestros retirados que regresen, el 
salario íntegro previsto para la plaza, sin perjuicio del derecho a la 
pensión como jubilados, que reciban los dos completos
(Aplausos).

Ahora, no basta con estas declaraciones ni los aplausos, empezando por 
el sindicato, la CTC, el Partido, las organizaciones de masa, que 
pueden colaborar mucho en esto, y todos nosotros hagamos un esfuerzo, 
porque el que más y el que menos conoce a un maestro; que, 
naturalmente, no basta la buena disposición. Hay que ver, según las 
normas que establezca la nueva Ministra de Educación, los que son 
aceptados o no.

Confiamos en que serán muchos los que regresarán para seguir aportando 
al avance de nuestra educación y con ello apoyar la preparación y el 
desarrollo de los maestros jóvenes, esos que han contribuido a que 
Cuba siga ocupando un lugar cimero en este decisivo frente, como lo 
demostró el reciente estudio realizado por la UNESCO, que sitúa a 
nuestro país en el primer lugar entre todos los de América Latina, en 
matemáticas y lectura de tercer grado y en matemáticas y ciencias de 
sexto grado, con más de 100 puntos por encima de la media regional. 
Existen deficiencias, las conocemos, pero no hay dudas de que nuestros 
maestros y profesores merecen el mayor reconocimiento y respeto de 
toda la sociedad, muy especialmente de padres y alumnos.

Recuerdo cuando hace unos años, ante la necesidad de modernizar de 
forma masiva nuestro armamento, se hizo igual llamado a los 
ingenieros, técnicos, obreros calificados y demás especialistas de la 
Industria Militar ya jubilados. Fueron muchos los que respondieron y 
se mantienen trabajando, entre ellos unas cuantas abuelas y
abuelos.

Volviendo al tema del salario, todos quisiéramos ir más rápido, pero 
es necesario actuar con realismo, como no lo hacen quienes propalan 
por todo el mundo la absurda, aunque nada ingenua mentira, de que un 
trabajador cubano gana como promedio el equivalente a 17 dólares
mensuales.

Recordé cuando el Ministro del SIME informaba el salario medio en 436 
pesos. Dividido por 25, ¿cuánto da? Diecisiete o dieciocho dólares. 
Verás mañana mismo, en la prensa internacional que refleje tus 
palabras, que al citar eso pondrán: “Equivale a 17 ó 18 dólares
mensuales.”

Simplemente parten de dividir el salario medio en Cuba por la tasa 
establecida para las casas de cambio conocidas por CADECA, es decir 
entre 25. Lo hacen a sabiendas de que con 30 veces esos 17 dólares 
—por decir una cifra bien conservadora—, nadie en ningún país 
capitalista puede pagar aquello a que tiene acceso normalmente 
cualquier familia cubana, y sabemos los problemas que existen.

Un solo ejemplo, un núcleo familiar promedio paga mensualmente unos 
118 pesos por los productos normados, todos subsidiados, cuyo costo a 
los precios actuales es de 61 dólares.

No significa que estemos satisfechos con lo alcanzado. Conocemos las 
dificultades, los productos que escasean o no alcanzan, y trabajamos 
para que sean menos cada día. Mientras más aportemos todos, más rápido 
se logrará, pues hay que estar consciente de que cada aumento de 
salario que se apruebe o precio que se establezca debe corresponder 
con las posibilidades de la economía.

De lo contrario, simplemente aumenta el dinero circulante, suben los 
precios de manera automática y no hay aumento real del poder 
adquisitivo. Estas no son cuestiones que se resuelvan con un decreto. 
En nuestro caso son aún más complejas porque la Revolución no aplica 
las llamadas “terapias de choque” —que ya empezamos a ver en todos los 
continentes en estos momentos—, que no son más que cargar sobre el 
pueblo todas las consecuencias de la crisis. Además subsisten vicios 
en la mente de cuadros y trabajadores como la indisciplina o la 
tolerancia ante ella, con incidencia directa en la productividad y la 
eficiencia.

Que el trabajador se sienta dueño de los medios de producción, no 
depende sólo de explicaciones teóricas —en eso llevamos como 48 años— 
ni de que su opinión se tenga en cuenta en la actividad laboral. Es 
muy importante que sus ingresos se correspondan con el aporte personal 
y el cumplimiento por el centro de trabajo del objeto social para el 
que se constituyó, es decir, alcanzar la producción o la oferta de 
servicios que tiene establecido.

En resumen, que cada cual reciba según su trabajo, y para ello deben 
cumplirse las siguientes premisas insoslayables:

Primero, que ese trabajo realmente aporte lo que todos después 
demandan recibir.

Segundo, orden, control y rigurosa exigencia que aseguren eficiencia, 
ahorro y eviten robos o desvíos de recursos.

Tercero, eliminar las gratuidades indebidas y el exceso de subsidios. 
Repito, eliminar las gratuidades indebidas y el exceso de
subsidios.

Cuarto, un adecuado sistema de impuestos y contribuciones, de forma 
que todos aportemos al sostenimiento de servicios que se brindan 
gratuitamente o a precios fuertemente subsidiados, y a financiar 
actividades como la defensa, la seguridad y el orden interior, la 
administración pública y otras muchas imprescindibles para el 
funcionamiento de cualquier país.

Estoy tratando de recordar en qué momento hemos oído ese término de 
impuesto, porque me contaba un compañero el otro día que en un pequeño 
barrio de la provincia de La Habana, un campesino ganadero, contento 
con sus vacas, los planes que tenía de incrementar, al pago que ahora 
se les hacen, ya estaba organizando hacer el segundo piso en su casa, 
en el techo, para su hijo, estaba poniendo las primeras cabillas, y el 
compañero, que es de la ciudad y no conoce mucho del campo, le 
preguntó: “¿Y cuánto tú pagas de impuesto?” Y el otro le contestó: “¿Y 
eso qué es?”

Eso del campesino no es que sea un ignorante. A esta altura hay que 
ver cuántos ancianitos nos quedarán por ahí, entre el Ministerio de 
Finanzas y de Economía y Planificación, etcétera, que sepan algo de 
impuesto. Lo señalo porque hay que aplicarlos, y es un medio, además, 
de regulación de muchas cosas.

A fuer de sincero, les puedo decir que llevo semanas esperando el dato 
de cuántas cosas son gratis en este país o subsidiadas. Son tantas que 
todavía no tengo los datos.

En las noches de desvelo, que muchas veces son por estos temas, digo: 
“Estamos construyendo el socialismo”. Después hago una mención de las 
reflexiones de Fidel, cuando el discurso famoso en el Aula Magna de la 
universidad hace unos años, y me pregunto: “¿Estamos haciendo el 
socialismo? Porque a fuer de sincero, también digo que, además de 
estos problemas que estamos analizando de la nueva Ley de Seguridad 
Social, se trabaja poco, se trabaja menos. Esa es una realidad que 
ustedes la pueden comprobar en cualquier rincón del país. Perdonen la 
crudeza de mis palabras, no es obligatorio estar de acuerdo con
ellas.

Socialismo significa justicia social e igualdad, pero igualdad de 
derechos, de oportunidades, no de ingresos. Igualdad no es 
igualitarismo. Este, en última instancia, es también una forma de 
explotación: la del buen trabajador por el que no lo es, o peor aún 
por el vago.

Otro asunto decisivo es que la fuerza de trabajo esté donde se 
necesita. Por eso les decía que cada provincia debía tener sus propios 
maestros, sus propios médicos, sus propios constructores, etcétera. Y 
como somos una sola nación, y muy unida, si algún territorio necesita 
alguna ayuda, de cualquier tipo y en cualquier circunstancia, la 
recibirá de los demás; pero el Partido, las organizaciones sociales y 
de masas, los órganos del gobierno provinciales y municipales tienen 
que pensar en esas cuestiones, y como ustedes verán, lo que queremos 
es que pensemos y profundicemos. Y en todas esas visitas de los 
diputados —correcta decisión— a los municipios adonde fuimos elegidos 
es correcta, pero no ir por ir, no permitir que les hagan, como 
sucedió muchas veces, que nos reciben como si fuéramos una delegación 
extranjera o un representante del Cuerpo Diplomático, con un 
programita prefabricado.

Los menos jóvenes no recuerdan que desde este mismo atril, cuando las 
provincias informaban, que hace tiempo no informan, un presidente de 
gobierno, buen compañero, leyó un informe aquí, que yo no tuve más 
remedio —a pesar de la pena que me daba y la vergüenza ajena que me 
daba— que pronunciar un discurso fuerte, que trajo como consecuencia 
las destituciones de los responsables de eso, empezando por el Primer 
Secretario del Partido de la provincia, que fue Granma. ¿Dónde están 
los granmenses? ¿Se acuerdan de aquello? Todo preparadito, y aquí 
muchos diputados hablaron, diciendo maravillas de la provincia.

Recuerdo que nosotros hicimos alguna inspección; recuerdo que a 
Machado, que sabían que iba a visitar una escuela, le habían cortado 
la hierbita hasta del trillo en el campo por donde tenía que pasar. Y 
como fui a un lugar donde había muchos movilizados, yo veía desde el 
ómnibus —donde iban conmigo el secretario, el Presidente del Gobierno 
y otros compañeros, iba un grupo grande— que dondequiera había una 
bandera y una reunión, y era que lo habían preparado; sí, yo me di 
cuenta, pregunté: “¡Eh!, ¿y por qué están reunidos, son las 4:00 de la 
tarde?” Banderas, banderas cubanas, banderas del 26, no sé si 
estábamos próximos a algún aniversario, y me dijeron una mentira 
inaceptable: “No, como están en la emulación, ahora están analizando.” 
Digo: “Dale para atrás, métete ahí”, y entro a un campamento. 
Enseguida se presentaron los jefes del campamento, el discurso ya 
estaba escrito, el orador estaba ronco de practicarlo (Risas), porque 
delante de los propios dirigentes le dije: “Estás ronco, es que lo 
practicaste mucho.” Y dice: “¡Oh!, desde que me llamó el Secretario 
del Partido estoy practicando” (Risas).

Los menos jóvenes se acordarán de eso. Yo, que sigo joven, me sigo 
acordando de eso y jamás se me olvidará.

Otro asunto decisivo —les decía— es que la fuerza de trabajo esté 
donde se necesita. De lo contrario, pregunto, ¿quién va a sembrar para 
obtener los alimentos que consumimos y suben constantemente de precio 
en el mercado internacional? Yo lo simplifico a veces y pregunto: 
¿Quién va a sembrar los frijoles? ¿Quién va a construir las obras que 
se requieren? ¿Quién va a producir lo necesario para mantener esos 
crecientes gastos de la seguridad social de que hablábamos, de la 
salud, la educación?, por sólo mencionar esas tres importantes 
conquistas sociales, a las que el país destina cerca del 43% de los 
gastos presupuestarios, y si les añadimos los del deporte y la 
cultura, estas cinco esferas: seguridad social, salud, educación, 
deporte y cultura representan el 55% del Presupuesto Nacional del 
presente año; el 45% es para el resto de las actividades del
país.

Las plazas que otorgan los centros educacionales deben ser 
proporcionales a las necesidades y posibilidades futuras de empleo de 
cada lugar específico. Repito: Las plazas que otorgan los centros 
educacionales deben ser proporcionales a las necesidades y 
posibilidades futuras de empleo, y además ser ocupadas por los 
realmente interesados en llevar a la práctica esos conocimientos. 
Pregunten cualquier dato, que hay quien se gradúa en una cosa y a los 
tres meses está en otra, y eso cuesta. Hay quien por no ir a un lugar 
se matricula en un tecnológico y después hace sus maniobras y sus 
cosas para ir a otro lugar.

Ustedes vieron a una diputada aquí hablar de las necesidades de los 
politécnicos, tecnológicos, dijo, para el Ministerio de la Industria 
Sideromecánica.

Aquí voy a hablar de la agricultura y de las tierras que se 
entregarán. ¿Estará por ahí María del Carmen, la ministra de la 
agricultura?, que anoche te pregunté un dato en la reunión que tuvimos 
del Consejo de Estado y del Buró Político, donde analizamos estas 
cuestiones y este discurso.

¿Tienes el dato de cuántos agrónomos tenemos graduados en el país y 
cuántos están trabajando en su especialidad?

María del Carmen Pérez.— Sí. Ayer después conversé con el compañero 
Fernández y veía que en total se habían graduado más de 31 000 
agrónomos, y en estos momentos en el sector, en el Ministerio de la 
Agricultura —no hablo del Ministerio del Azúcar— tenemos un 8%, 
alrededor de 6 000 ó 7 000 graduados de ingeniería agrónoma.

Raúl Castro.— Deben haberse muerto algunos, algunos fallecidos,
etcétera.

El Ministerio del Azúcar debe tener menos; no te pregunto (Se refiere 
a Ulises Rosales), que a ti no te pregunté ayer, ¿o lo tienes en la 
mente? ¿O me dices un más o menos?

Ulises Rosales.— Compañero General de Ejército, nosotros tenemos el 
20% y con los que están estudiando completamos, somos privilegiados 
por lo que se decidió con la tarea Álvaro Reinoso.

Raúl Castro.— Claro, y la reducción del sector.

Pero ese es un ejemplo y no es el más elocuente. Pero a nivel 
territorial ustedes mismos pueden comprobarlo.

Gracias a los dos.

La armonía en la planificación y la organización es esencial en el 
socialismo. Su ausencia puede conducir a un caos más peligroso que el 
característico del capitalismo, donde las leyes del mercado terminan 
por establecer cierto orden y equilibrio, aunque sea a costa del 
sacrificio de miles de millones de seres humanos a escala
mundial.

En el socialismo es indispensable que en los planes económicos la 
asignación de recursos se ajuste estrictamente a los ingresos 
disponibles. No podemos aspirar a que 2 y 2 son 5; 2 y 2 son 4; más 
bien a veces en el socialismo 2 y 2 da 3.

Les transmito estas ideas en primer lugar para incitarlos a pensar, no 
sólo a ustedes, compañeras y compañeros diputados, sino a todos los 
compatriotas, a todo el país. Algunas son valoraciones personales que 
no deben interpretarse como inmutables. Son asuntos que estamos en el 
deber de estudiar y debatir con profundidad de manera objetiva, única 
forma de continuar aproximándonos a las fórmulas más convenientes para 
seguir adelante con la Revolución y el socialismo.

No olvidemos la reflexión del compañero Fidel, en aquella 
trascendental intervención en el Aula Magna de la Universidad de La 
Habana, el 17 de noviembre del 2005, cuando dijo:

“Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos 
errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer 
que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se 
construye el socialismo”, hasta aquí sus palabras.

También es un concepto de validez permanente que mientras menos 
recursos existan, mayor disciplina se requiere y más hay que prever, 
planificar, organizar, exigir y ahorrar. Así lo impone con urgencia la 
actual coyuntura económica internacional y, por lo tanto, la
nuestra.

Ya yo no soy muy joven, aunque me sienta joven, y muchas de estas 
cuestiones las hemos comprobado, las hemos practicado. Cuando teníamos 
un gigantesco ejército que llegó a tener, contando los 55 000 hombres 
que había al final en Angola, alrededor de 280 000 hombres y 50 000 
oficiales, se creó una situación muy difícil, aunque ya habíamos hecho 
las correspondientes reducciones paulatinamente cuando cayó la Unión 
Soviética, y esto lo practicamos nosotros en las Fuerzas Armadas, y 
nos dio resultado, y hemos tenido éxito en todo.

Pero vale la pena repetir este concepto. “También es un concepto de 
validez permanente que mientras menos recursos existan, mayor 
disciplina se requiere y más hay que prever, planificar, organizar, 
exigir y ahorrar. Así lo impone con urgencia la actual coyuntura 
económica internacional”.

En el 2003 el barril de petróleo se cotizaba en alrededor de 28 
dólares. En igual fecha del pasado año ya estaba entre 70 y 80. En 
días recientes rompió la barrera de los 145 dólares, más de cinco 
veces el precio de hace apenas cinco años, y es imposible predecir 
hasta dónde será la escalada, ya que su agotamiento a nivel mundial es 
más rápido de lo calculado. Como un ejemplo de lo expresado, hace unas 
horas, en Europa, el precio del barril rebasó los 147 dólares, el 
petróleo de Brent, del norte; estuvo a 145 hace unas 72 horas, bajó un 
poco, después hace unas horas se puso ese a 147; no había movimiento 
en el mercado de Estados Unidos y, mientras estábamos en el receso del 
almuerzo, en Nueva York alcanzó la misma cifra, un poco más, 147,50. 
El dólar siguió devaluándose.

A lo anterior se suman otros factores como la producción de 
agrocombustibles, la especulación financiera y la devaluación del 
dólar —por citar sólo algunos de los fundamentales— que han disparado 
los precios de prácticamente todos los productos destinados a la 
alimentación humana y de los insumos para producirlos.

Tres ejemplos. En julio del 2007, el costo de importar una tonelada de 
arroz ya se había elevado hasta 435 dólares, hoy exige erogar 1 110 
por tonelada, lo que antes era 435. Igual cantidad de trigo, una 
tonelada, el año pasado, cuando hablábamos en Camagüey, se compraba 
por 297 dólares, ahora requiere más de 409. Y como dije el 26 de julio 
en Camagüey, la tonelada de leche en polvo se cotizaba en ese momento 
al astronómico precio de 5 200 dólares mientras hace cuatro años se 
adquiría por unos

2 100, menos de la mitad del precio actual.

¡Todo sube!, y para colmo, entre los que más han crecido están los 
precios de los fertilizantes, esenciales para que los rendimientos 
sean mayores. Uno de los más importantes, la fórmula completa de 
cultivos varios, elevó su precio de 303 dólares la tonelada en julio 
de 2007, a 688 en este momento. Otro fertilizante muy empleado, la 
urea, la tonelada costaba unos 400 dólares hace un año, ahora hay que 
pagar casi 700. ¡Parece obra del diablo!

Se va cumpliendo de manera abrumadora la predicción de Fidel en su 
Reflexión del 28 de marzo del 2007: “Condenados a muerte prematura por 
hambre y sed más de 3 mil millones de personas en el mundo”, así la 
tituló. Y para tan terrible realidad no se vislumbran soluciones, al 
menos con la inmediatez que se requiere.

Y la situación puede incluso empeorar, aunque algunos se empeñen en 
cerrar los ojos ante ella. Seguiremos haciendo cuanto esté a nuestro 
alcance para que esas serias adversidades afecten lo menos posible a 
nuestro pueblo, pero es inevitable que sufriremos cierto impacto en 
determinados productos y servicios, pues además el enemigo está 
haciendo hasta lo imposible para multiplicarnos las dificultades, con 
la absurda aspiración a ponernos de rodillas.

Ante cada medida adoptada últimamente en nuestro país, sale enseguida 
algún funcionario del gobierno de los Estados Unidos, desde un vocero 
hasta el propio Presidente, calificándola de “insuficiente” o
“cosmética”.

Aunque aquí nadie les ha pedido opinión, reitero que jamás adoptaremos 
una decisión, ¡ni la más mínima!, como resultado de la presión o el 
chantaje, venga de donde venga, de un poderoso país o de un continente
entero.

Ya lo demostramos cuando bajo el dictado del gobierno de los Estados 
Unidos, nos expulsaron de la OEA y todos los países latinoamericanos, 
con la honrosa excepción de México, rompieron relaciones diplomáticas con
Cuba.

También recordamos cuando en 1996, bajo la misma batuta imperial, los 
países de la Unión Europea adoptaron la llamada “posición común” contra
Cuba.

A estos supuestos acusadores, en primer lugar a los Estados Unidos, 
los pueblos los han sentado en el banquillo de los acusados, por los 
cientos de personas mantenidas durante años en el territorio usurpado 
a nuestro país por la Base Naval de Guantánamo, en condiciones 
infrahumanas y desconociendo las normas universalmente aceptadas de 
trato a prisioneros.

Millones de personas en el planeta los condenan por los cientos de 
miles de civiles asesinados por las bombas y la metralla del ejército 
de ocupación, a los que eufemísticamente llaman “daños colaterales”; 
por el empleo indiscriminado de la tortura, las ejecuciones 
extrajudiciales y las cárceles clandestinas; por llevar a cabo o ser 
cómplices de traslados secretos de prisioneros y otras graves 
violaciones de las leyes y los derechos humanos.

Es iluso soñar que un pueblo que ha resistido actos terroristas, 
guerra económica y agresiones de todo tipo durante medio siglo, va a 
renunciar a conquistas fruto de enormes sacrificios, sólo para 
satisfacer a determinados círculos de poder de los Estados Unidos o a 
quienes los secundan en otras partes.

La desigual batalla de esta pequeña isla frente a tan poderoso enemigo 
le ha granjeado el respeto de los pueblos y de gran parte de los 
gobiernos, fundamentalmente de los países del Tercer Mundo. Otros, 
aunque no comparten algunas de nuestras ideas, han asumido una actitud 
más realista.

Voy a abordar ahora otro asunto importante de nuestra economía. 
Tenemos que revertir definitivamente la tendencia al decrecimiento del 
área de tierra cultivada, que entre 1998 y 2007, en sólo 9 años, 
disminuyó en un 33% —una tercera parte de la tierra cultivada—, en lo 
que influyeron de manera considerable las limitaciones impuestas por 
el período especial. Dicho en pocas palabras: ¡hay que virarse para la 
tierra! ¡Hay que hacerla producir!

Se trabaja sin improvisaciones ni apresuramientos. Ya existe una 
estrategia clara y un plan de acciones desde el nivel nacional hasta 
la base productiva.

Son ideas acerca de cómo debe ser la agricultura y la ganadería en 
Cuba en el momento actual, en que alrededor del 75% de la población es 
urbana, lo que no quiere decir que el 25% restante trabaje en el 
campo. Por lo tanto, no puede quedar una hectárea apta sin sembrar, en 
primer lugar en la periferia inmediata de cada poblado y ciudad. Es 
mucho más económico aprovechar óptimamente esas tierras cercanas que 
el incosteable traslado de trabajadores o estudiantes a grandes 
distancias, a veces para laborar media jornada. Así evitamos pérdidas 
y baja productividad.

Ahí están los magníficos resultados de la agricultura urbana, que sin 
recurrir a movilizaciones ni a grandes gastos realiza una notable 
producción de vegetales y ha contribuido al hábito de consumir ese 
importante alimento y además proporciona empleo a más de 300 mil 
personas, incluidas unas 67 mil mujeres y alrededor de 40 mil
jubilados.

Son propuestas realistas para un país cuyos recursos no siempre 
permiten acudir a las modernas tecnologías, muy productivas, pero 
caras y que además consumen combustible. Las emplearemos cuando se 
justifique económicamente, como se viene haciendo con la maquinaria e 
implementos agrícolas, los productos químicos, los sistemas de riego y 
los cultivos protegidos, con resultados alentadores aunque todavía
incipientes.

Pero también hay notables experiencias de productores que alcanzan 
buenos resultados combinando la ciencia con el buey, el abono 
orgánico, otros medios tradicionales y sobre todo mucho y eficiente
trabajo.

Admiro la gran empresa estatal socialista, incluidas las 
agropecuarias, y no renunciaremos a ellas. Conozco varias que producen 
con eficiencia. Lo anterior no niega en absoluto el papel de la 
cooperativa en sus diversas modalidades y del pequeño agricultor, de 
los que también puedo poner ejemplos muy destacados.

Todas son formas de propiedad y producción que pueden coexistir 
armónicamente, pues ninguna es antagónica con el socialismo.

Durante el proceso de reflexión sobre el discurso del 26 de julio el 
pasado año en Camagüey, realizado a lo largo y ancho del país, se 
hicieron más de 141 mil planteamientos referidos a la producción o el 
precio de los alimentos. Fue uno de los temas más abordados.

En los doce meses transcurridos se ha trabajado para implementar lo 
que afirmé en esa ocasión: la tierra, los recursos y todo el apoyo 
necesario estarán cada vez más a disposición de quienes produzcan con 
eficiencia, independientemente de que sea una gran empresa, una 
cooperativa o un campesino individual.

En fecha muy próxima, tan próxima que puede ser la próxima semana, se 
aprobarán —se puede decir se aprobó ya anoche en una reunión conjunta 
del Buró Político con el Consejo de Estado y otros invitados— las 
disposiciones legales para iniciar la entrega en usufructo de tierras 
ociosas a quienes estén en condiciones de ponerlas a producir de 
inmediato, y se adoptarán otras medidas asociadas a la actividad
agropecuaria.

Ya se han ido poniendo en práctica algunas necesarias para asegurar 
este proceso, como la creación de las delegaciones municipales del 
Ministerio de la Agricultura y el reordenamiento de su sistema de
empresas.

El Partido, el Gobierno y la Asociación Nacional de Agricultores 
Pequeños, la ANAP, desde el nivel central hasta los municipios, están 
siguiendo de cerca este proceso, que inevitablemente requiere algún 
tiempo para que los resultados sean notorios, sobre todo en medio de 
una situación económica internacional desfavorable.

Ahora se impone como nunca invertir con racionalidad nuestros 
limitados recursos, esencialmente en la obtención de utilidades que 
permitan costear los ya elevados gastos sociales del país. La 
producción de alimentos, la sustitución de importaciones y el 
incremento de las exportaciones, continúan siendo líneas 
fundamentales. Además el ahorro, que como ha orientado el compañero 
Fidel, es hoy nuestra fuente de recursos más inmediata y factible. En 
primer lugar, el combustible.

Establecer prioridades y cumplirlas estrictamente. Postergar las 
inversiones que no sea imprescindible acometer de inmediato. Donde 
resulte posible, lógico y se puedan crear las condiciones, acudir al 
doble turno para utilizar mejor los equipos disponibles y acortar el 
tiempo de terminación de las obras, muy especialmente en el sector de 
la construcción.

Aprovechar las instalaciones existentes. Por ejemplo, remodelando 
viejas edificaciones subutilizadas, de las que hay bastantes por todo 
el país, es posible ubicar, como ya se está haciendo, el equipamiento 
de las nuevas industrias que se construyen como parte de los programas 
de la Alternativa Bolivariana para las Américas, el ALBA, 
especialmente en colaboración con Venezuela.

Otro asunto en el que quiero detenerme es el consumo de alimentos y 
demás productos destinados a comedores obreros, escuelas, hospitales, 
etcétera, o sea, no hablo de los que se venden por la libreta de 
abastecimiento o en forma liberada.

En esa esfera, que los especialistas han denominado “consumo social”, 
no puede continuar el derroche, la falta de planificación, el 
descontrol ni su crecimiento desmedido.

Sobran ejemplos recientes de cuánto todavía se despilfarra, se emplea 
en un destino diferente al previsto en los planes o se inmoviliza en 
un almacén.

Mencionaré algunos casos detectados en una reciente visita realizada 
por el Comité Central del Partido a centros de la capital, o sea, 
centros de trabajo, hospitales, escuelas, a partir de una experiencia 
iniciada por el Ministerio de Comercio Interior.

Aprovecho para reconocer los esfuerzos que viene realizando este 
ministerio, que es muy complejo y difícil, en particular su jefe, para 
cambiar justificaciones por espíritu de resolver los problemas. No es 
solo un reconocimiento merecido, es a la vez una nueva alerta a 
cuantos administran o dirigen: revísense constantemente, siempre 
pensando que nada es perfecto y que todo puede hacerse mejor.

Primera conclusión de estas visitas: mes tras mes se entrega la 
asignación completa de alimentos, como si nadie faltara un solo día al 
centro de trabajo o estudio.

Resultado: alimentos por encima del inventario autorizado, que es de 
45 días de cobertura, en la mayoría de los centros visitados. No 
mencionaré nombres, no es el objetivo, pues desafortunadamente es algo 
bastante generalizado, repito, bastante generalizado.

Dije que debía tener cubierto 45 días, ¿no? Arroz: un hospital con 147 
días de consumo, otro hospital con 123, y otro hospital 119 días; un 
centro de estudios interno 88 días, el doble, otro 86 días, de ese 
alimento que ha incrementado su precio en más del doble en el último 
año y vale más de mil dólares la tonelada de arroz.

Azúcar, aquí la cosa es en grande: un centro de estudios con una 
cobertura de 908 días ¡más de dos años!, otro centro de estudio con 
639 días, otro con 294 días; un centro de trabajo con 300 días de 
azúcar, otro 136

Aceite: un centro de estudios 206 días, un centro de trabajo
128.

Son cifras impresionantes y espeluznantes. Imagínense esta situación 
en los miles de comedores existentes en Cuba. Todo eso crea además 
condiciones propicias para el robo, el desvío o el propio deterioro de 
los alimentos.

Es la consecuencia de abastecer con métodos burocráticos, sin 
molestarse en comprobar cuántos productos sobraron del mes anterior 
para completar lo necesario. No, si le toca tanto todos los meses le 
dan tanto, y si un mes, porque se retrasó un barco o por lo que sea, 
no le dieron lo que corresponde, en el mes próximo le dan lo del mes y 
lo que dejaron de darle en el mes anterior. Y son alimentos que en 
muchos casos se distribuyen gratuitamente o se venden a precios muy 
inferiores a los reales, que suben a diario. Basta decir —observen 
esto— que para importar el mismo volumen de alimentos que en el 2007, 
el año pasado, la misma cantidad, este año se requerirían 1 100 
millones de dólares más, para recibir lo mismo. Fíjense si es 
espeluznante lo que estoy narrando.

Sé de organismos, muy pocos por cierto, donde esto no ocurre, 
sencillamente porque se planifica, controla y exige. Es por tanto algo 
que está en manos de nosotros resolver, sin recursos adicionales y en 
muy breve tiempo.

Son problemas nuestros. Surgirán otros en el futuro, así es la vida, 
pero cada vez que detectemos algo mal hecho, hay que trabajar sin 
descanso hasta eliminarlo.

En realidad los retos son grandes y difíciles, pero de situaciones 
peores ha salido airoso nuestro pueblo.

Permítanme poner un ejemplo de las FAR —me da vergüenza, hasta el otro 
día fui el ministro de las fuerzas armadas—, pues pienso que encierra 
una valiosa experiencia para momentos como estos.

La desaparición de la Unión Soviética significó la pérdida de 
suministros decisivos para la defensa del país, en momentos en que 
nuestra economía no podía asegurarlos.

Primero dijimos que los frijoles eran tan importantes como los 
cañones, y cuando la situación se agravó, llegamos a afirmar que los 
frijoles eran más importantes que los cañones. Algo similar le sucede 
en estos momentos al país.

No hubo lamentos ni justificaciones. Las tropas marcharon a los campos 
agrícolas y en un plazo relativamente breve produjeron sus alimentos, 
salvo los que no resultaba lógico o posible, no vamos a producir sal o 
azúcar, o trigo, que no se puede dar en Cuba. De forma simultánea se 
fueron organizando las estructuras empresariales que asumieron 
gradualmente esas producciones, y los combatientes regresaron a sus 
actividades habituales. Se creó la Unión Agropecuaria Militar, cuyas 
siglas dicen UAM.

Han transcurrido más de 15 años desde entonces. Hoy la preparación 
para la defensa del país es más efectiva que nunca, incluyendo la 
Operación Caguairán, que debe ser del conocimiento de todos ustedes y 
que continúa exitosamente, y además logramos modernizar el armamento 
­—desde la caída de la Unión Soviética no hemos adquirido armamentos, 
porque tienen precios prohibitivos, y modestamente, con la 
colaboración de otros órganos de la Administración Central del Estado, 
los hemos movilizado, los hemos modernizado y constituyen una gran 
proeza, porque se ajustan perfectamente al tipo de guerra que 
libraríamos si fuéramos invadidos por el más poderoso país del 
planeta, que es Estados Unidos. Hemos adquirido piezas de repuestos, 
además de las que hacemos, decenas de miles de mirillas telescópicas 
para los francotiradores, si vamos a hablar de armamentos, y algunas 
cosas menores; pero somos más fuertes que nunca—, gracias al esfuerzo 
y la inteligencia de los ingenieros y obreros de numerosos organismos, 
tanto militares como civiles. Y esta importante tarea continúa, es
permanente.

Las FAR siguen produciendo alimentos y ya abastecen el 79% de sus 
necesidades, ahora mediante 24 grandes empresas agropecuarias 
militares donde laboran miles de trabajadores civiles. La mayoría 
funcionan, además, con eficiencia y generan utilidades.

Por eso soy un admirador y firme defensor de la gran empresa estatal 
socialista industrial, agropecuaria o de lo que sea, pero no subestimo 
ni a las cooperativas ni a los campesinos, como dijimos.

Y el que más y el que menos tiene un pariente en el Servicio Militar y 
les pueden preguntar la calidad y cantidad de la comida.

Ese espíritu que les acabo de explicar, de hace alrededor de 15 años, 
prendió en nuestro pueblo, el de ¡Sí se puede! Por eso venció 
obstáculos al parecer insalvables en la etapa más crítica del período
especial.

Así vamos a hacerlo nuevamente, como siempre —y no estoy proponiendo 
que empecemos a cerrar fábricas y llevar obreros al campo, por eso 
decimos que lo primero es, toda la tierra, sea del que sea, próxima a 
todas las ciudades y poblados, de todos los tamaños, es traer la 
tierra a la ciudad, para no tener que llevar la ciudad al campo, 
empezar por ahí—, con el esfuerzo unido y consciente de todos los 
patriotas. Produciremos alimentos, preservaremos las principales 
conquistas de la Revolución y seguiremos avanzando sin descuidar un 
minuto la defensa.

Dediquémonos, con modestia y sin fanfarria, cada cual en el puesto que 
le corresponde, al cumplimiento diario y estricto del deber. Repito: 
Dediquémonos, con modestia y sin fanfarria, cada cual en el puesto que 
le corresponde, al cumplimiento diario y estricto del deber.

¡Pienso que esta es la clave para vencer!

Muchas gracias.

(Ovación)

Bueno, ¿creen que estén de acuerdo?

Alarcón, usted que es un hombre experimentado en aplausos y 
votaciones, ¿piensa que están de acuerdo los diputados?
(Aplausos.)

Les ruego que se sienten brevemente. Ya esto es extraoficial, aunque 
puede considerarse como parte del discurso.

Como ya decía en el discurso, hay cuestiones que son opiniones 
personales y que no son inmutables, hay otras que son conceptos, son 
ideas, otras son informaciones. Este mismo fenómeno con los precios de 
los alimentos y este mismo fenómeno (lo del consumo social), que lo 
acabamos de decir, esto es como para que no llegue al 26 de Julio; 
pero, bueno, faltan solo 15 días para el arribo del 55 aniversario de 
los ataques a los cuarteles del Moncada y de Bayamo, “Carlos Manuel de 
Céspedes”.

Aquí hay cuestiones que son, como les dije, para pensar y hay 
cuestiones que son directivas, ya que ustedes están de acuerdo, como 
órgano supremo del poder del Estado, con lo que dijimos ahí; puede ser 
que alguno no esté de acuerdo con algunas de las cuestiones 
planteadas, por eso digo que hay unas que son simples expresiones y 
opiniones personales y otras que son conceptos, pero que constituyen 
directivas.

Ayer se discutió, entre otras cuestiones, por los compañeros que les 
dije, los órganos superiores del Partido y del Estado —aunque el 
órgano supremo del poder del Estado son ustedes, no el Consejo de 
Estado—, y unánimemente estuvimos de acuerdo con esto.

Ya inmediatamente se había empezado a trabajar y habrá que elaborar, 
por el Buró Político, el Consejo de Ministros, si fuera necesario 
también con el Consejo de Estado, con la aprobación de algún Decreto 
Ley como el que les mencioné de las tierras hace un momento, hay que 
sacar una directiva, y si hay tiempo, para el próximo Consejo de 
Ministros ya la podemos empezar a discutir por allí.

Esto desde ahora es así, y a luchar por eso. Eso forma parte ya de las 
cosas que tendremos que discutir y ya tendremos tiempo de comprobar si 
sirven o no, cuando celebremos a fines del año que viene nuestro 
Congreso, porque todos los que estamos aquí, que representamos la 
voluntad del pueblo, que nos eligió, y del Partido que igualmente nos 
eligió, aunque hace mucho tiempo, estamos de acuerdo.

Pero es muy importante que uno que se sienta allí donde yo estoy 
(Realiza gesto indicando una barba), está también plenamente de 
acuerdo (Aplausos).

Ya voy a terminar, siéntense (Risas). Y, además, una anécdota también, 
empezamos casi con un chiste, podemos concluir con otro, pero real. Al 
llevarle el material, del cual ya habíamos discutido temas a tratar, 
igual que próximamente en Santiago de Cuba, el 26 de Julio, serán 
otros temas, como es natural, ni todos pueden enfocarse en una tarde o 
en una sola sesión de la Asamblea —que hay muchos temas de estos que 
al desarrollarlos tendrán que volver aquí—; realmente es un discurso 
difícil (el pronunciado), su propia elaboración, se lo llevé un poco 
tarde. Él tiene su vida muy activa, haciendo ejercicios, escribiendo, 
meditando, pensando, a veces es él el que me da noticias 
internacionales que yo no he tenido tiempo de leer, y le pedí que me 
contestara lo más rápido posible. Batió récord esta vez, y a través de 
la interlocutora, que por teléfono me avisaron, hace dos días —por eso 
la reunión de antes de ayer la tuvimos anoche— y dijo que estaba 
totalmente de acuerdo —quiero recordar textualmente lo que dijo—, 
“está perfecto”. Cuando me lo comunican, cosa que me alegró mucho, le 
dije a la persona que hablaba conmigo que lo felicitara, ella me 
contesta: “¿A él?”, digo: “Sí, felicítalo, porque tiene un hermano muy 
inteligente y lo aprendió todo de él” (Risas y Aplausos).

Ricardo Alarcón.— Yo dije que usted iba a hacer las conclusiones y las 
hizo, así que, por lo tanto, lo único que me queda a mí por hacer es 
declarar concluido este período ordinario de sesiones. Buenas tardes 
(Aplausos).




(tomado de La Jornada, 12 de julio de 2008)

Sólo con “realismo” aumentarán salarios, dice Raúl Castro; retrasará 
jubilaciones en 5 años
-- Alerta el mandatario sobre los riesgos de la inflación mundial para
Cuba

Gerardo Arreola  

La Habana, 11 de julio. El presidente Raúl Castro pidió hoy a los 
cubanos trabajar más y con mayor eficiencia, dijo que los salarios 
sólo aumentarán con “realismo” y anunció que se retrasarán las 
jubilaciones en cinco años, se reducirán los subsidios y se 
establecerá un sistema general de impuestos.

“Socialismo significa justicia social e igualdad, pero igualdad de 
derechos, de oportunidades, no de ingresos”, dijo Castro. “Igualdad no 
es igualitarismo. Éste, en última instancia, es también una forma de 
explotación: la del buen trabajador por el que no lo es, o peor aún 
por el vago”.

El mandatario cerró la primera de las dos sesiones anuales de la 
Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento) con un discurso en 
que reaccionó a los riesgos de la inflación mundial (“es inevitable 
que sufriremos cierto impacto en algunos productos y servicios”) y a 
los defectos estructurales de un país con recursos y fuerza laboral 
calificada, pero con baja productividad.

Sin embargo, advirtió que actuará sin tomar en cuenta las opiniones de 
Estados Unidos, que ha desestimado las primeras acciones de su 
gobierno. “Jamás adoptaremos una decisión, ¡ni la más mínima!, como 
resultado de la presión o el chantaje, venga de donde venga, de un 
poderoso país o de un continente entero”, añadió, en alusión, además, 
a la Unión Europea.

Castro llamó a los maestros retirados a que regresen a las aulas, para 
compensar la carencia de personal docente, y exhortó a trabajar en el 
campo y en la construcción, dos claros ejemplos de sectores en los que 
hay recursos pero falta fuerza laboral.

El presidente, que el año pasado reconoció que el salario “es 
insuficiente”, reiteró su decisión de autorizar aumentos graduales, 
dependiendo de la economía del país, y que no se comprometía con 
fechas ni sectores. “Es mi deber expresarlo con franqueza, pues no 
sería ético crear falsas expectativas. Decir lo contrario sería
engañarlos”.

La política salarial, dijo Raúl Castro, depende de estas condiciones: 
1) trabajo útil, 2) eficiencia y ahorro en la producción, sin robo a 
las empresas, 3) eliminación de “gratuidades indebidas y el exceso de 
subsidios”, y 4) un sistema general de impuestos.

Con aumentos de precios al productor agrícola y una política de 
salarios por resultados y sin límite máximo, reconoció en el último 
año que facilitará incrementos si surgen de la productividad.

Al mismo tiempo, ha endurecido la ofensiva contra el mercado negro, el 
gran colchón social que amortigua el bajo presupuesto familiar y en 
gran parte se nutre de recursos estatales.

Ahora añadió un escalón, al prever restricciones en los subsidios, que 
protegen el consumo de un amplio arco de bienes básicos y servicios 
públicos, y anunciar un sistema fiscal “de forma que todos aportemos” 
al presupuesto estatal.

En Cuba los trabajadores pagan contribuciones, como la cuota sindical 
o aportes a la defensa, pero no existe el impuesto sobre la renta. En 
la década pasada se instauró un régimen fiscal sólo para los 
autoempleados y microempresas familiares.

Castro anunció también un proyecto de ley para retrasar la jubilación 
de los 60 a los 65 años para los hombres y de los 55 a los 60 para las 
mujeres, como consecuencia del cambio demográfico que vive Cuba: 
pérdida de población, baja natalidad y aumento en la esperanza de vida 
(77 años en promedio). A ese paso, dijo, en 2025 el país habrá perdido 
770 mil trabajadores respecto al nivel actual.

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