[Noalca-l] [Solidaridadconcuba] CUBA SIEMPRE HA ESTADO EN LAS FAUCES DEL LEÓN QUE QUIERE ENGULLIRLO

pedro gellert mmsc2002 en prodigy.net.mx
Jue Jul 24 00:16:46 CDT 2008


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CUBA:
50 AÑOS DE REVOLUCION
80 AÑOS DEL NATALICIO DEL COMANDANTE ERNESTO "CHE GUEVARA"
GRAN MARCHA EN SOLIDARIDAD CON CUBA
Sábado, 26 de julio
12h Hemiciclo a Juárez a la Embajada de EUA, Cd. de México
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FESTEJO/BAILE
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desde Santiago de Cuba: Son Caliente
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Salón Los Angeles, Calle Lerdo 206 esq. con Flores Magón
Col. Guerrero (Metro Tlatelolco)
boleto: 120 pesos
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5782-2564, 044-55-1849-9274
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CUBA SIEMPRE HA ESTADO EN LAS FAUCES DEL LEÓN QUE QUIERE ENGULLIRLO


Gloria Analco

El fidelismo no es sólo Fidel Castro, sino que representa mucho más.
Cuba, desde Tomás Moro, ha sido vista como una utopía. Con Fidel, esta
representación de la isla, a diferencia de lo que afirmaba la
escritora Julieta Campos, ya fallecida, no es una utopía que naufraga,
sino que hace pensar que la utopía es totalmente posible.

La utopía de Fidel, de libertad, justicia e igualdad ha constituido el
sueño de generaciones de cubanos y el anhelo de millones de pobres en
el mundo que vieron en la Revolución Cubana un camino a seguir.

Espiritualmente llenó espacios que estaban vacíos. La Revolución
Cubana ha sido hacedora de sueños y de realidades, y los sueños tienen
como característica que son inextinguibles, son como la llama eterna,
y en esto precisamente es que ubicamos una de las razones de la
sobrevivencia aún de la gesta cubana del 59.

La utopía en Cuba en parte ya ha sido cumplida. En ese país hay una
totalidad social que produce una calidad de vida mucho mejor que en el
resto de América Latina. No hay ningún otro sistema que haya
propiciado tanta vida para los niños, los jóvenes y los ancianos, con
bajísimos niveles de violencia, de prostitución y de marginación, como en Cuba.

No hay que olvidar jamás que Cuba era un país del Tercer Mundo, pobre,
con una población cuyos niños comían de los basureros, donde la
mendicidad estaba muy extendida, frente a una opulencia desmedida de
la alta burguesía, pero con la llegada de la Revolución eso se acabó,
y ya ese sólo hecho hace de Fidel un revolucionario.

Pero además, el proyecto educativo de Cuba ha sido pensado, no como
mera transmisión de ciertos contenidos concretos, sino que ayuda a los
cubanos a construirse como personas y como sujetos capaces de influir
en su historia y de transformarla. Es una educación formadora,
integral, humanista, algo de lo que carecen otros pueblos y que, a fin
de cuentas, constituye lo verdaderamente fundamental en cualquier sociedad.

Cuba ha sido vista y pensada desde principios del siglo XX, por
algunos intelectuales como el argentino Ezequiel Martínez Estrada,
como un faro que ilumina nuestra utopía, pero a partir de la
Revolución Cubana y de la llegada de Fidel Castro al poder, esa
metáfora cobró un nuevo significado al quedar la isla liberada de la
clase dominante oligárquica y de la influencia de Estados Unidos.

Es por ello que Cuba está en las fauces del león que quiere
engullirlo, y, para colmo, a sólo media hora en avión de Estados
Unidos, potencia que no quiere que ese faro alumbre a América Latina.

Los pueblos del resto de la región latinoamericana se debaten en la
miseria y la ignorancia, mientras que las clases medias cada vez
descienden más de nivel socioeconómico, debido más que nada a la
acumulación del capital que impide el bienestar de las mayorías.

La Revolución de Fidel Castro significó el gran viraje de gobernar en
dirección del pueblo, de la solidaridad con el pueblo, y la
eliminación de los intereses y poder financieros del gran capital, así
como también de las castas contrarias al principio de respetar la
determinación de los ciudadanos.

"Para América Latina es muy importante que Cuba siga manteniendo la
bandera de los grandes ideales del socialismo, porque si no lo logra
perderemos referencias históricas que tendremos que construir
nuevamente con muchos sacrificios, luchas y pérdidas de vidas", me
dijo en una entrevista Leonardo Boff.

Sin embargo, hay una feroz fuerza desatada por parte de la
ultraderecha de Occidente, encabezada por Estados Unidos, que va a
hacer todo lo posible para borrar hasta el último vestigio del
socialismo cubano, ya que no está resignada a permitir que Cuba sea el
faro que ilumine la utopía posible en América.

A Estados Unidos, como a los poderes fácticos de América Latina, no le
interesa que haya utopías de ninguna clase, "posibles o imposibles".
En cambio, trata de convencer que intentar realizar la utopía en la
historia, necesariamente nos conduce al totalitarismo.

SIEMPRE EN PIE DE GUERRA

Cualquier análisis serio del caso cubano necesariamente tiene que
contemplar que una guerra permanente, por parte de Estados Unidos, ha
estado gravitando sobre Cuba desde el triunfo de la Revolución hasta
nuestros días.

Los críticos del proceso revolucionario cubano muestran toda su carga
de perversidad cuando intentan profundizar en el tema sin considerar
los episodios del ya demasiado largo capítulo de agresiones contra Cuba.

Hay más: a raíz de que Fidel Castro se separó del poder, el 31 de
julio de 2006, los intelectuales allegados a los centros de poder de
la derecha, que cuentan con los mejores espacios de la prensa
internacional, han escrito -como por encargo- que el régimen de Fidel
Castro se había escudado en "la supuesta agresión externa" para
justificar su política "dictatorial, tiránica y totalitaria" en contra
del pueblo, dando a entender con ello que los sucesivos gobiernos
estadounidenses, desde el triunfo de la Revolución, han sido unas
blancas palomas.

Lo cierto es que Fidel gobernó todo el tiempo en medio de turbulencias
políticas generadas desde el exterior, de intentos de asesinato, de
actos terroristas con un elevado número de víctimas, y de una "guerra
sucia" de desgaste emprendida por los servicios especiales de la CIA,
entre tantas otras cosas.

El caso cubano no puede ser analizado en un ámbito donde sus críticos
más acérrimos le dan un contenido distinto del que en realidad tienen
a conceptos tan abstractos como democracia, derechos humanos y libertad.

Ya no se sabe lo que significan esas palabras porque han sido
pervertidas por el poder, y su verdadero significado es enmascarado en
provecho de la derecha internacional, por plumas de todo tipo, algunas
consideradas "prestigiadas", que están a su entero servicio.

A Fidel, por ejemplo, lo acusan de haber encabezado un régimen
totalitario y represivo, pero basta con echarle una ojeada breve a la
historia de la Revolución y los principios que  motivaron su
existencia para entender que el verdadero totalitarismo lo ha ejercido
Estados Unidos en la región latinoamericana, donde utilizando incluso
el asesinato político ha instalado una dictadura económica, de la cual
hasta nuestros días ha escapado Cuba.

Cuatro importantes acontecimientos han puesto en peligro el proyecto
estadounidense de mantener sus intereses neocolonialistas en América
Latina y el Caribe: la Revolución Cubana; la llegada al poder en
Chile, mediante el voto libre y secreto, de la Unidad Popular de
Salvador Allende, la Revolución Sandinista en Nicaragua, y la
Revolución Bolivariana de Hugo Chávez.

Frente a la hegemonía de Estados Unidos en la región, sólo consiguió
sobrevivir el proceso revolucionario cubano, en una primera etapa,
mientras que el proceso bolivariano, surgido más recientemente,
también es objeto de todo tipo de ataques para desaparecerlo de la faz
de la Tierra.

Cuba fue entonces sometida al aislamiento del polo de desarrollo del
mundo occidental.

El antagonismo surgió porque Fidel anuló la influencia de las
oligarquías en los destinos de Cuba, promovió toda una serie de
medidas radicales contra los intereses del poder financiero y
económico estadounidenses, eliminó el poder de la Iglesia Católica,
favorable al esquema de dominación capitalista, y alentó el
igualitarismo social en el pueblo.

De este modo, una nueva correlación de fuerzas se establecería en
Cuba, con una nueva fisonomía a favor de las causas populares.

La respuesta por parte del poder hegemónico no se hizo esperar. Las
castas que optaron por irse de Cuba y todo su aparato de represión
instalado en la ciudad norteamericana de Miami, pronto volverían a
establecer su inexorable vínculo con el gobierno de Estados Unidos
para fomentar unas relaciones que les permitiera recuperar todas las
palancas del poder en la isla caribeña, aunque fracasaron en todos sus
intentos.

Se abriría entonces el capítulo del terrorismo dirigido contra Cuba
que les facilitara el control de la situación interna en ese país. Al
mismo tiempo se escenificó una lucha entre los distintos grupos del
exilio cubano para controlar el poder que supuestamente iban a ejercer
en la isla, con la colaboración estadounidense.

Estas pugnas de bandos con asesinatos en las calles de Miami,
representaban el viejo orden llevado a esa ciudad de la Cuba de
Fulgencio Batista.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA en sus siglas en inglés) ha
trabajado sin descanso en todo tipo de operativos y planes a una gran
escala para romper el orden social establecido por la dirigencia
revolucionaria cubana, utilizando para ello a cubanos de fuera y
dentro de la isla, dispuestos a aceptar la dominación extranjera.
Mientras tanto, Fidel, que había iniciado el camino hacia un modo de
vida y sociedad alternativo al capitalismo, comenzó a sentir los
rigores del acoso de Estados Unidos que mando por delante a los
exbatistianos para que en forma implacable le hicieran la guerra al
nuevo poder establecido en la isla.

La Revolución adquirió desde sus inicios, a causa de la presión
externa, el carácter de defensora de la independencia de Cuba y del
nuevo proyecto favorable al conjunto del pueblo, frente a los
reiterados esfuerzos de Estados Unidos por subordinar el territorio
cubano bajo su tutela, y colocar a los exbatistianos al frente del
gobierno nuevamente.

Fue entonces cuando Fidel concibió una de las ideas más inspiradas de
su historial revolucionario, cuando en uno de sus numerosos discursos
sometió a la aprobación de su amplia audiencia la creación de los
Comités de Defensa de la Revolución,

Por primera vez en la historia de los pueblos, un líder político
promovía que fuera la propia población la que estuviera atenta y
vigilante para detectar los complots alentados por las poderosas
fuerzas que se oponían al proyecto orientado a establecer la justicia
social en Cuba, y que buscaban asegurarse un efectivo control sobre
sus asuntos internos.

Fue así como hasta nuestros días el pueblo se hizo cargo de la defensa
de sus propios intereses, ya que nunca antes en la historia de Cuba un
gobierno había funcionado a favor de su causa, por lo cual esa
vigilancia fue asumida con plena consciencia.

Es por eso que le ha sido muy difícil a los sucesivos gobiernos
norteamericanos propiciar la caída del régimen socialista, y en ese
proceso trazaron estrategias de todo tipo para desprestigiar la figura
de Fidel Castro en el contexto internacional, con vías de conseguir el
consenso para invadir a Cuba militarmente.

En estos episodios han jugado un papel fundamental ciudadanos cubanos,
dispuestos a vender la causa de los revolucionarios y del pueblo
cubano, los cuales se han prestado a formar parte de las operaciones
montadas por la CIA, para desestabilizar a Cuba.

Los llamados "disidentes" son en realidad agentes encubiertos de
Estados Unidos que no se han enfrentado directamente al gobierno de
Fidel Castro, sino que han conseguido proyectarse en el extranjero por
el respaldo que han recibido de los círculos de la derecha internacional.

Han sido, además, cobijados por instituciones de la derecha occidental
que los han galardonado por "librar una poderosa lucha en contra de un
régimen que ejerce una represión brutal", cuando en realidad dentro de
Cuba no han movido un dedo porque carecen de respaldo popular. Toda su
tarea subversiva se reduce a establecer vínculos con la Sección de
Intereses de Estados Unidos en La Habana y la prensa extranjera
acreditada en Cuba, además de los apoyos que reciben de gobiernos y
organizaciones europeas para apuntalar los propósitos estadounidenses.

Es decir, que las acusaciones que señalan a Cuba como un gobierno
totalitario, tiránico y represivo forma parte de la propaganda
desplegada por sus enemigos en el exterior, ya que la actuación del
gobierno cubano no es represiva en contra del pueblo, sino que actúa
en contra de las fuerzas desatadas por los servicios especiales de
espionaje e inteligencia de Estados Unidos que involucran a cubanos,
en su pretensión de darle un nuevo rumbo a Cuba.

El pueblo, en cambio, ha sido objeto de una atención esmerada por
parte del gobierno de Fidel Castro. Basta con ver los rostros de los
niños de primaria, rebosantes de salud y alegría, para darse cuenta de ello.

Como parte de la propaganda occidental se ha inculcado la falsa idea
de que progreso es "obra" y no "hombre". Es decir, que si alguien
llega a Cuba y observa que este país carece de infraestructura
urbanística de gran envergadura, que es lo primero que exhiben los
países desarrollados, piensa entonces: "¡uff, qué atrasado y pobre
está este país!"

Lo cierto es que la Revolución ha invertido sumas estratosféricas en
cultivar la formación intelectual y profesional de varias generaciones
de cubanos, algo que el resto de los países de América Latina no ha
hecho a pesar de no tener encima la fuerte presión que para Cuba ha
significado la guerra que Estados Unidos ha entablado en contra de ese
país desde la llegada de Fidel Castro al poder.

La palabra más pervertida por el poder ha sido la de "libertad", que
para los detractores de la Revolución Cubana tiene solo un
significado: darle libertad a las oligarquías para medrar con la
riqueza nacional, lo que podríamos llamar "libertad privada", y
entonces lo llaman totalitarismo cuando esa riqueza es manejada "por
el pueblo y para el pueblo", que entonces podríamos denominar
"libertad pública", lo mismo que ocurre con la palabra "democracia", y
en cuanto a los derechos humanos, consideran que éstos son violados
cuando los cubanos, que están involucrados en las maniobras
orquestadas por la inteligencia estadounidense, son apresados,
juzgados y sentenciados por atentar contra la soberanía de Cuba, algo
que además está altamente penalizado en cualquier país del mundo.

Un país que es amenazado por la nación más poderosa de la Tierra, como
ha sido el caso de Cuba desde el triunfo de la Revolución,
necesariamente tiene que adoptar medidas que sean consecuentes con esa
situación que pone en peligro su seguridad nacional.

Cuba, por esa particular circunstancia, ha estado obligada todo el
tiempo a impedir que las ideas pervertidas por el poder lleguen a
oídos de los cubanos a través de Radio y TV Martí, emisoras fundadas
por el gobierno estadounidense y que transmiten a la isla desde
Washington con el propósito de promover ideas subversivas en el pueblo cubano

¿Qué país del mundo puede admitir una situación como ésta?
Tampoco puede permitirse el lujo, en esas condiciones, de que la
prensa local sea invadida por ideas que no tendrían un contenido
precisamente objetivo y desinteresado, y también debe mantenerse
alerta para desestimular que algunos confundidos cubanos se dejen
atraer por el "dulce encanto" de la sociedad de consumo y contribuyan
a los planes estadounidenses de desestabilizar la isla.

Cuando los críticos del caso cubano omiten estas realidades, que de
ninguna manera pueden soslayarse, entonces parten de premisas falsas a
la hora de emitir sus juicios, además de que tienen por costumbre no
atribuirle a Estados Unidos ningún papel en esta historia, y si
alguien por ahí hace alguna mención al respecto, es tan benigno y poco
contundente que puede percibirse con facilidad que en realidad su
ejercicio de escritura deliberadamente obedece a un solo objetivo:
desprestigiar a la Revolución Cubana.

Hoy los planes contra Cuba están más elaborados y sofisticados que
nunca antes. Hay preparativos serios para poner fin, de una vez por
todas, a "esa molesta Revolución de Castro", que tantos dolores de
cabeza ha causado a varias generaciones de políticos de las élites
gobernantes de Estados Unidos.

La estrategia de George W. Bush está claramente perfilada. Aún hoy, a
unos cuantos meses de dejar el poder, sigue él empeñado en que sean
los llamados "disidentes", opositores internos al gobierno cubano,
quienes jueguen el principal papel en lo que busca sea la "fase final"
de la Revolución, los cuales son vistos fuera de Cuba como "los
abanderados del pueblo" que quieren un cambio, debido al despliegue de
la propaganda en ese sentido que ha costado cifras millonarias al
gobierno de Estados Unidos.

La clave de la estrategia está en una conversación sostenida por
Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano de Liberación de Cuba,
con Andrés Oppenhaimer, periodista de The Miami Herald, que ha
adquirido derecho de picaporte dentro de algunas élites políticas de
América Latina, a raíz de su muy buen manejo sobre los temas más
álgidos que dominan el panorama de la región, aunque indefectiblemente
con un sesgo favorable al pensamiento más conservador y retardatario.

No debemos olvidar que la difusión de la propaganda opera en varios
niveles, que es cuando las palabras empiezan a significar lo contrario
de lo que deberían, con el fin de contribuir a formar una idea de
desencanto histórico sobre cualquier proyecto revolucionario, en este
caso en particular el cubano que está presente y se haya plenamente vigente.

Oppenhaimer, autor del libro "La hora final de Castro", escrito a
principios de los años noventa y que como era lógico esperar fue
recibido por la comunidad de Miami con enorme entusiasmo -aunque nunca
se cumplió su pronóstico-, sin proponérselo, en esta entrevista vía
telefónica que hizo al líder opositor y que luego reprodujo en su
columna política, ha dejado al descubierto en qué va consistir la
estrategia que Estados Unidos tiene para Cuba.

Sólo hay que reconstruir parte de esta conversación, para enterarnos
sobre cómo ha sido elaborado el plan.

"Estados Unidos, donde creo que hay buena voluntad, debe tomar
conciencia que el rol protagónico del cambio no les corresponde a
ellos", dice Payá a Oppenhaimer.

"Crear una comisión, hacer ese informe que entra a definir lo que
tiene que suceder dentro de Cuba, no le corresponde a Estados Unidos", agrega.
Cabe aclarar, antes de continuar, que el gobierno cubano y la
intelectualidad seria y respetable en el mundo han denunciado que los
disidentes son anexionistas porque forman parte de la estrategia
establecida por Estados Unidos para atacar a Cuba. Entonces, los
opositores han ido perdiendo credibilidad acerca de las motivaciones
que los animan a prestarse a seguirle el juego al gobierno de Estados
Unidos. En este contexto, resulta imprescindible a los opositores
incorporar a su discurso, al menos en apariencia, que no son
favorables a la intervención norteamericana en los asuntos internos de Cuba.

Pero veamos cómo el propio Payá, en sus declaraciones a Oppenhaimer,
pone en claro su asociación con el gobierno norteamericano, cuyas
palabras entrecomilla el periodista argentino.

"Estados Unidos debe estar a la espera que el pueblo de Cuba pida la
ayuda que estime necesaria, en la forma que estime necesaria".

O sea, que acepta implícitamente la colaboración estadounidense en la
vida interna política cubana, además de que no es nada difícil
presumir a qué tipo de colaboración norteamericana se está refiriendo.

Con esas simples y llanas palabras, Payá descubre el verdadero
contenido de la estrategia para liquidar el movimiento revolucionario
histórico de Fidel Castro, que consiste, en primer lugar, otorgarle a
la disidencia en el contexto internacional la calidad de voceros del
pueblo, aunque éste no tenga la menor idea de lo que se está fraguando
en su nombre.

Una vez que ha quedado bien afianzada esta idea en el ámbito
internacional, que por lo pronto Payá simula ya ser un representante
político legítimo del pueblo cuando afirma "… Estados Unidos debe
estar a la espera que el pueblo de Cuba pida la ayuda…", -que equivale
a decir: "el pueblo soy yo y los disidentes que me acompañan"- , la
tarea de los opositores será provocar al régimen con aparentes brotes
violentos de descontento, en un nivel que se haga necesaria la
intervención de la fuerza pública, mientras los medios de la prensa
internacional difundirán que en Cuba "ha comenzado una guerra civil y
se ha hecho presente uno de los aparatos más represivos de lo que ha
quedado del totalitarismo soviético".

En medio de esta represión, que aunque no sea más que la expresión
lógica en contra de las fuerzas desatadas por Estados Unidos en contra
del régimen cubano, se suscitará el clamor de los sectores más
conservadores de Occidente, momento que será aprovechado por la
disidencia para, como "víctimas de la represión más desmedida", como
seguramente serían los titulares de muchos diarios inclinados a la
derecha, solicitar la ayuda militar de Estados Unidos, para que el
pueblo cubano sea librado de la "más feroz y prolongada dictadura que
jamás haya tenido lugar en América Latina".

Si realmente el pueblo hubiera estado harto de la Revolución, se
habría presentado un vacío de poder cuando Fidel Castro tomó la
determinación de iniciar su sucesión aprovechando que había sido
sometido a una delicada cirugía, pero él estaba confiado en que el
pueblo iba a estar a la altura de las circunstancias, y no se equivocaría.













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