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Mar Jul 21 14:07:22 CDT 2009
Colombia y Panamá, escalas del dinero sucio
Cómo EEUU financia la desestabilización en Latinoamérica
Allan G. Greenberg*
ALAI AMLATINA, 21/07/2009.- Investigadores de las
instituciones universitarias estadounidenses han
detectado en el marco del proceso que culminó con
el derrocamiento del gobierno constitucional de
Honduras, la participación de empresas y
fundaciones vinculadas a bancos que se han
involucrado en actividades desestabilizadoras en
Venezuela, como el manejo de transferencias de
dinero usando la vía de Panamá y de Colombia.
Los recursos para adelantar esa actividad salen a
través de canales del sistema financiero y
también mediante el envío en físico de fuertes
sumas de dinero en moneda estadounidense. Los
recursos se envían por intermedio de la fundación
de un banco actualmente con graves problemas, y
luego son distribuidos entre los beneficiarios
“luchadores pro la libertad y la democracia”.
Las nuevas formas de financiamiento a la
desestabilización del continente tienen como
objetivo burlar los controles instalados no solo
por el gobierno venezolano, sino también por los
de Bolivia, Ecuador y Brasil. Hoy, se tiene
absoluta certeza de que la National Endowment for
Democracy (NED) está utilizando suelo panameño y colombiano.
Para abastecer financieramente a la oposición
venezolana, por ejemplo, el dinero es colocado en
el banco Davidendo, en cuentas pertenecientes a
colombianos testaferros, reclutados especialmente
para ellos por los servicios de inteligencia de
Estados Unidos. Los miembros de la oposición
venezolano viajan hasta la limítrofe ciudad
colombiana de Cúcuta a fin de buscar el dinero,
aprovechando la amplia frontera de más de dos mil
kilómetros entre ambos países y las facilidades
existentes para cruzar la línea limítrofe
utilizando solamente la cédula de identidad.
Los testaferros colombianos retiran el dinero de
la cuenta, se lo entregan a los venezolanos, y
los custodian hasta su cruce a los estados
venezolanos de Táchira y Zulia, gobernados por la
oposición. Precisamente fue el 28 de mayo último
cuando dirigentes estudiantiles opositores
recibieron por esta vía la suma de 40 mil dólares
para preparar acciones desestabilizadoras
presumiendo que el gobierno bolivariano iba a
cerrar la planta televisora Globovisión e
intervenir la Universidad Central de Venezuela.
Pero nada de eso se dio, y el dinero
aparentemente fue utilizado en actividades
tendientes a provocar al gobierno constitucional.
Nadie cree que el dinero haya sido devuelto a la NED.
Estas actividades corresponden a una gigantesca
operación continental destinada a contener y a
revertir los procesos de transformación social en
la región. El golpe de estado en Honduras, el
primero bajo la administración del presidente
Barack Obama, representa un punto de quiebre de
la inteligencia estadounidense contra los gobiernos populares.
Se trata de un verdadero globo de ensayo de toda
una operación contra la izquierda latinoamericana
del nuevo gobierno demócrata, cuyos próximos
escenarios de acción serían Paraguay, Bolivia y
un incremento de la desestabilización en
Venezuela para colocar a la defensiva al gobierno
de Hugo Chávez, donde las actividades coordinadas
desde Colombia marcarán los tiempos.
Apenas terminada la reunión de la OEA, el
gobierno de Estados Unidos, anunció la
instalación de una base militar en Colombia, para
sustituir a la de Manta, Ecuador, de donde serán desalojados en breve.
En Colombia, las bases militares estadounidenses
siempre han cumplido una función clara, que muy
poco tiene que ver con la tergiversación oficial
de su cometido, la del combate al narcotráfico.
La militarización constituye el armazón primario
sobre el que se monta el proceso de colonización
de los Estados Unidos en la región, que se
complementa con el andamiaje el económico.
Las actuales bases de Tres Esquinas y Larandia,
en el departamento de Caquetá, y de
Villavicencio, en el departamento del Meta, que
operan con la presencia de aviones y la
inteligencia técnica del Pentágono, llevan tiempo
apoyando el combate a los grupos subversivos,
vigilando las fronteras. Las nuevas
instalaciones, según lo reveló la revista
colombiana Cambio, son las cinco principales
bases de la Fuerza Aérea y la Armada en el país:
Apiay, Malambo, Palanquero, Cartagena y Bahía de
Málaga, las que harían parte de la nueva “arquitectura del teatro” del Comando.
El gobierno de Estados Unidos perfeccionó durante
la última administración de George Bush un método
de injerencia que logra penetrar e infiltrar
todos los sectores de la sociedad en los países
de su interés económico y político, a través de
la NED y la apertura de lo que en Venezuela se
dio en llamar oficina de transición (OTI, por sus
siglas en inglés) de la USAID.
Desde hace al menos seis años, los organismos de
inteligencia eligieron a grupos estudiantiles
–alumnos de “institutos privados de elite como la
prominente universidad católica de Caracas”,
según el diario- como cabeza de playa para la
desestabilización en Venezuela. De la denuncia se
ha encargado el diario Washington Post
(03-12-2007) que confirmó la intervención
económica de la USAID en ayuda de estos grupos opositores.
La nota, firmada por el corresponsal en
Latinoamérica, Juan Forero, citaba al
investigador de la National Security Archive de
la Universidad George Washington, quien en base a
documentos oficiales del gobierno de Estados
Unidos, afirmó que grupos estudiantiles
venezolanos recibieron desde 2003 considerables
sumas de dinero de USAID para su “promoción de la
democracia” y “otros programas”.
El diario citaba también a una portavoz de la
embajada estadounidense en Caracas, Jennifer
Rahimi, quien señaló que Estados Unidos apoya
“actividades no partidistas de la sociedad
civil”, pero que no financia a los movimientos de
oposición. “No hay ninguna conspiración para
influenciar el resultado del referendo constitucional”, dijo dos años atrás.
Pero las cifras de “ayudas” que figuran en la
propia página web de la NED confirma este
financiamiento (que se remonta a 1993, dice) a
casi cuatro centenares de grupos estudiantiles,
partidos políticos de oposición, supuestas
organizaciones no gubernamentales, entre ellas
algunas “defensoras de derechos humanos” y
“defensoras de la libertad de prensa” en Venezuela.
En Bolivia, la USAID contrató la empresa Casals &
Associates, Inc (C&A) para manejar decenas de
millones de dólares que se otorgaron también a
casi 400 organizaciones, partidos políticos y
proyectos, sobre todo los que tienen que ver en
el respaldo al secesionismo de las regiones de
Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija...
Y ahora, en el derrocamiento de Manuel Zelaya,
aparecen las pruebas del financiamiento de
quienes implantaron la dictadura con dinero
estadounidense. (Traducción de Theresa Pardez)
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* Allan G. Greenberg, Archives for Democracy
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