[Noalca-l] El Salvador: Promesas, peligros y realidad
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Jue Jun 25 09:12:34 CDT 2009
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El Salvador: Promesas, peligros y realidad
Danny Burridge*
ALAI AMLATINA, 22/06/2009.- El 1 de junio de
2009, Mauricio Funes del Frente Farabundo Martí
de Liberación Nacional (FMLN) fue juramentado
como el primer presidente de izquierda de El
Salvador. Funes debe su triunfo a una amplia
voluntad popular de cambio, después de 20 años de
devastadoras políticas neoliberales aplicadas por
los sucesivos gobiernos de Alianza Republicana
Nacionalista (ARENA). Su victoria también se debe
a una novedad: Funes es un periodista muy
respetado y un outsider político progresista.
El actual mandatario superó tanto una implacable
campaña de desprestigio orquestada por la
derecha, como también el fraude
institucionalizado, endémico en las elecciones
salvadoreñas, que favorece a ARENA. Una
participación masiva del electorado prevaleció
sobre los dos obstáculos, entregándole a Funes
una ligera mayoría en las urnas -aunque recientes
encuestas de opinión muestran que cuenta con el
apoyo de alrededor del 80% de la población-.
En su discurso de toma de posesión, Funes
prometió la reconstrucción social y económica de
El Salvador, con un "gobierno de unidad
nacional". Dos veces invocó el legado del obispo
y mártir Oscar Romero, asegurando que el único
sector privilegiado por su gobierno serán los
pobres. Además se comprometió a luchar contra la
corrupción y la evasión fiscal, a racionalizar
las instituciones gubernamentales y a mantener
una política exterior independiente. De hecho,
uno de sus primeros actos como presidente fue
reestablecer relaciones diplomáticas y
comerciales con Cuba, dejando a los Estados
Unidos como el único país en el hemisferio, sin
vínculos formales con La Habana.
El nuevo Presidente ha dicho que establecerá un
"Consejo Socioeconómico", compuesto con
representantes tanto de movimientos sociales como
del sector privado, encargado de desempeñar un
papel consultivo permanente en su administración.
También aseguró que este Consejo será un espacio
para una real democracia participativa encaminada
a la construcción de políticas públicas
progresistas. Sin embargo, el peligro radica en
que poderosos intereses empresariales podrían
marginar la influencia de los sectores populares dentro de la nueva entidad.
Uno de los anuncios más audaces de Funes fue la
creación de un “Plan Anticrisis” sobre 18 meses,
que será respaldado con la creación de un Banco
Estatal de Desarrollo. Éste se orientará a
reactivar la agricultura y otros sectores vitales
de la economía que están en dificultades. Otras
promesas incluyen la creación de 100.000 nuevos
puestos de trabajo, el suministro gratuito de
uniformes y útiles escolares a un millón de
estudiantes de primaria, la construcción de
25.000 hogares para personas de bajos ingresos, y
la entrega de los medicamentos necesarios a todos
los hospitales públicos y clínicas de salud.
Funes aún no ha elaborado un plan concreto para
el fortalecimiento de estas áreas estratégicas a
largo plazo y el financiamiento es incierto. Sólo
la mitad de los US$ 475 millones del Plan
Anticrisis está actualmente financiada, si bien
el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha
anunciado un préstamo de US$ 500 millones para
ayudar a financiar las iniciativas sociales.
Funes ha generado confianza y esperanza en la
población, como ningún otro presidente
salvadoreño lo ha hecho, lo cual constituye el
primer paso vital para "reinventar" El Salvador,
como él propone. De hecho, el país necesita con
urgencia transformaciones radicales, pero el
mandatario no ha prometido, específicamente,
cambios estructurales, ya que no sería capaz de
cumplirlos. Tampoco será capaz de construir un
gobierno de unidad nacional. Es posible que pueda
aumentar nominalmente la inversión social en
beneficio de los pobres, pero el poder de veto
estructural que ejerce el capitalismo global
sobre el cambio en El Salvador, junto con la
oposición interna de la derecha, harán que la
implementación de reformas significativas resulte sumamente difícil.
Para llevar a cabo estas reformas necesarias,
Funes ha conformado un gabinete muy capaz y
respetado con economistas, tecnócratas, líderes
sociales, y funcionarios del FMLN. Pero las
dificultades a los planes de su administración provendrán de afuera.
En el plano nacional, el FMLN controla la
presidencia y poco más. La derecha todavía domina
en la legislatura, en manos de ARENA en coalición
con pequeños partidos de derecha. La gran mayoría
de los jueces de la Corte Suprema son nombrados
por ARENA, mientras que las instituciones
gubernamentales clave, como el Tribunal Supremo
Electoral y la Procuraduría General de la
República siguen allegados a la derecha. Es
probable que las políticas progresistas se
obstruyan sistemáticamente a cada paso.
Los grandes medios de difusión continuarán siendo
los portavoces de ARENA y su máquina de
propaganda, un arma fundamental para demonizar al
gobierno del FMLN. En el ámbito económico, el
FMLN se enfrenta a una catástrofe. Los veinte
años de corrupción sistemática pesarán
fuertemente sobre el nuevo gobierno, hecho que
con valentía Funes destacó en su discurso
inaugural. En sus últimos tres meses en el cargo,
ARENA aceleró sus esfuerzos para vaciar las arcas
públicas, dejando a Funes con un déficit fiscal
de al menos US$ 1,2 mil millones, o cerca del 6% del PIB.
La recesión económica mundial ha intensificado
seriamente la crisis interna actual provocada por
años de mala gestión de ARENA. En los últimos
seis meses, se han eliminado 40.000 empleos. Las
importaciones e exportaciones, así como la
recaudación de impuestos, han registrado caídas
abruptas, mientras que las remesas de
salvadoreños en el extranjero han disminuido en
un 8%. En lo que va del año, la economía ya se ha
contraído en el uno por ciento. Mientras tanto,
las tasas de homicidio han llegado a un promedio
de 13 víctimas por día, y los jóvenes
salvadoreños se están quedando con menos
posibilidades de supervivencia -migrar a los
Estados Unidos ya no es una opción atractiva-.
La forma en que el FMLN enfrente a un país al
borde del colapso, no está clara. Ciertos
analistas han especulado sobre la supuesta
división entre los "radicales" del FMLN y el
"moderado" Funes, señalado que éste se verá
sometido a la presión de las dirigencias
radicales que tradicionalmente dominan el
partido. Si bien el FMLN nunca ha sido una fuerza
uniforme, Funes no es un ex guerrillero, ni
siquiera incluso un militante del FMLN, pero
ahora reclama al partido como suyo. Su liderazgo
podría ser señal de una política de moderación en
aquellas secciones del FMLN que apoyan en gran
medida el camino de Funes hacia la reforma. Sin
embargo, algunos izquierdistas dentro y fuera de
El Salvador han calificado a Funes como un peón
neoliberal -una afirmación extrema, pero no completamente infundada-.
El nuevo Presidente ha dejado en claro que no se
interpondrá en el camino de una mayor
consolidación neoliberal en El Salvador,
particularmente en asuntos relacionados con el
comercio. Un ejemplo de ello es el plan "Caminos
a la Prosperidad en las Américas", un esquema
económico pro libre comercio para América Latina,
elaborado por la administración Bush. En
contraste con la tradicional oposición del FMLN
al Tratado de Libre Comercio de Centroamérica con
EE.UU. (CAFTA), el nuevo ministro de Relaciones
Exteriores, el ex diputado del FMLN, Hugo
Martínez, declaró el apoyo entusiasta de la
administración de Funes hacia dicho plan
económico estadounidense. La iniciativa, que
algunos ven como un proyecto sucesor a la extinta
Área de Libre Comercio de las Américas, saluda
los "beneficios del libre comercio y de la apertura de la inversión".
Algunos críticos de izquierda señalan el apoyo de
Funes a tales iniciativas, vinculándolo a la
influencia del grupo de los "Amigos de Mauricio
Funes". La victoria de Funes tuvo gran ayuda del
grupo de Amigos, una especie de grupo de
consejeros, que incluye una representación pesada
de sectores de negocios que en el curso de los
últimos años se alejaron de ARENA debido al
clientelismo y el desprecio de los procesos
institucionales. Funes y su equipo también han
cooperado estrechamente con las instituciones
financieras internacionales. A finales de abril,
celebraron dos días de reuniones a puerta cerrada
con representantes del Fondo Monetario
Internacional (FMI), Banco Mundial y el BID, para
desarrollar estrategias contra la crisis económica en El Salvador.
Todo esto ha causado preocupación entre algunos
sectores de la izquierda salvadoreña, pero esta
preocupación parece, al menos parcialmente,
equivocada. En medio de restricciones políticas
nacionales y limitaciones económicas mundiales
quizás aún más estrictas, Funes parece estar
decidido a llevar a cabo un difícil acto de
equilibrio para acercarse a la "unidad nacional".
El aumento de la inversión social para los pobres
es una prioridad, pero El Salvador no goza de
abundantes recursos naturales, como los que han
contribuido para las inversiones en otros países
de América Latina. Es más, el país se encuentra
extremadamente dependiente de los mercados
mundiales, y en particular de los Estados Unidos.
Así, la derecha transnacional, liderada por
EE.UU., tratará de usar esta dependencia para
influenciar y moderar las políticas de Funes,
para evitar que El Salvador gire hacia la
izquierda (en una estrategia que William Robinson
califica de "righting of the Left", o derechizar
la izquierda). Esto parece ser parte de una
estrategia integral de EE.UU. para afianzar todos
los países de Centroamérica como uno de sus
últimas esferas de verdadera influencia (a pesar
de la presencia de presidentes de izquierda en la
región), a través de la consolidación del libre
comercio y de políticas de seguridad
"integradas", promovidas por el Plan Mérida, entre otras iniciativas.
Sin embargo, Funes ha prometido, en repetidas
ocasiones, seguir una senda moderada en la onda
trazada por el presidente de Brasil, Luiz Inácio
Lula da Silva, que da prioridad a "la estabilidad
macroeconómica", junto con la inversión social.
La administración de Lula no ha logrado las
transformaciones sociales inicialmente esperadas
por los movimientos sociales de Brasil, y podría
ser que Funes se enfrente a las mismas limitaciones.
Aún así, su administración parece tener la
intención de tratar de equilibrar su cercanía
"estratégica" con Washington y las instituciones
financieras internacionales, con una vinculación
más autónoma con vecinos de América Latina. Lula
ha ofrecido asistencia en energía y desarrollo y,
actualmente, promueve las negociaciones sobre
comercio regional y energía entre Centroamérica y
el Mercosur. Y en una visita pre-inaugural a
Venezuela, Funes y Hugo Chávez acordaron
establecer una "comisión bilateral" para evaluar
el ingreso de El Salvador a Petrocaribe, junto
con la cooperación energética, económica y social
entre los dos países. Mientras tanto, las
relaciones restablecidas con Cuba podrían
proporcionar ayuda urgente en la atención de la
salud y campañas de alfabetización en el país centroamericano.
Esta histórica transferencia pacífica del poder
en El Salvador refleja la consolidación de la
democracia "formal", pero el cambio social de
fondo y la verdadera democracia están todavía un
poco más allá del horizonte. Sus años como una
organización guerrillera y décadas como un
partido de la oposición han dejado al FMLN como
una organización política predominantemente
jerárquica. A partir de su enorme red de bases,
el partido tendrá la posibilidad de trabajar para
convertirse en una institución que facilite la
participación democrática en la toma de decisiones gubernamentales.
Funes estará bajo una intensa presión de una
multitud de intereses para reducir la influencia
de los diversos movimientos sociales en El
Salvador y para deshacerse de su prometida opción
preferencial por los pobres. A pesar de
inevitables errores, y los discursos
"desestabilizadores” de los críticos, el pueblo
salvadoreño tendrá que dar un apoyo masivo, si
bien crítico, al gobierno de Funes, para el
fortalecimiento de los caminos hacia el verdadero cambio.
Aun si Funes fuera capaz de aplicar las políticas
que propone, corre el peligro de limitarse a dar
estabilidad a un orden social injusto, sin
desmantelar las causas profundas de la injusticia
a través de reformas económicas estructurales y
la democracia participativa. Si el país se
acomoda al statu quo, existe el peligro de que
ARENA vuelva al poder después del gobierno Funes.
Sin embargo, Funes y el FMLN tienen una
oportunidad sin precedentes para construir un
verdadero modelo salvadoreño de relaciones
socio-económicas y políticas basadas en la
solidaridad. Por ahora, este modelo es un sueño,
pero el gobierno del actual mandatario ha
proyectado al pueblo salvadoreño la esperanza de
que este sueño, algún día, pueda hacerse realidad.
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* Danny Burridge vive y trabaja en San Salvador
como coordinador local para el Volunteer Missionary Movement (VMM).
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