[Noalca-l] Perú: ¿Para qué una Comisión “Imparcial” sob re Bagua?
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Jue Jun 25 10:02:13 CDT 2009
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Perú: ¿Para qué una Comisión “Imparcial” sobre Bagua?
Bartolomé Clavero*
ALAI AMLATINA, 23/06/2009.- El Gobierno peruano
parece tomar la iniciativa. La ministra de
Justicia, Rosario Fernández, ha anunciado que va
a crearse la “comisión imparcial” de
investigación de los sucesos de Bagua recomendada
por el Relator Especial de Naciones Unidas sobre
la situación de los derechos humanos y libertades
fundamentales de los indígenas, James Anaya, con
representación tanto indígena como
internacional. El anuncio parece que no reza
para otros miembros del Gobierno, pues siguen
anticipando conclusiones por su cuenta. Y el
Gobierno aún no se ha comprometido a poner en
manos de parte imparcial tanto la composición
como la definición de los términos de referencia
de la Comisión. De otra forma, la imparcialidad
misma resultaría radicalmente comprometida.
Por su parte, la Ministra del Interior, Mercedes
Cabanillas, se comporta como si ya contase con
las conclusiones. Declara que presentará al
Congreso “pruebas fehacientes” de la versión
oficial de los acontecimientos de Bagua, la
versión que sienta, como diría Federico García
Lorca, que han muerto más guardias que
cartaginenses y que además entiende este presunto
dato como decisivo a la hora de calificar los
hechos. La Ministra del Interior por lo menos es
franca, pues puntualiza que dará “todas las
explicaciones que me alcanza la Policía
Nacional”. Aún más, la Ministra responsabiliza a
indígenas, indígenas bajo la influencia de “un
complot político”, de las muertes de Bagua
conforme a tales explicaciones, las policiales,
que tiene por “objetivas y veraces”. Con todo
esto exime de toda responsabilidad al
Gobierno. Sobre dichos supuestos, ¿qué idea
puede tenerse sobre la necesidad, la entidad y el
cometido de una Comisión imparcial?
Ha dicho más la Ministra del Interior, Mercedes
Cabanillas: “La policía no actuó sola, porque
previamente hubo coordinaciones funcionales con
el Comando de las Fuerzas Armadas, en base a
autorizaciones que se habían gestionado con esas
resoluciones supremas”, resoluciones a las que ya
se ha referido sin mayor especificación. Así
reconoce una intervención militar que por otra
parte ha sido evidente y que ha resultado fatal
en la provocación de muertes. Lo importante
resulta entonces que esta participación se la
atribuya a “resoluciones supremas”, las cuales,
en el caso y conforme a los términos de la
Constitución, sólo pueden ser las procedentes en
forma directa de la Presidencia de la
República. El Gobierno presidido por Yehude
Simon anda descoordinado, pero se guarda las
espaldas. Si la Comisión imparcial, esa comisión
que no haría falta según la Ministra del
Interior, llega a apreciar alguna responsabilidad
política por la masacre de Bagua, la misma ya se
ve donde recae según también la Ministra del
Interior, no en otra parte que en la misma
Presidencia de la República, en el Presidente Alan García.
Por si no fuera poca la confusión producida por
miembros del Gobierno entre el anuncio de la
Comisión por la Ministra de Justicia y el anuncio
de las conclusiones por la Ministra del Interior,
la Ministra de Comercio Exterior y Turismo,
Mercedes Aráoz, echa su cuarto a espada. Declara
que el Tratado de Libre Comercio con Estados
Unidos (TLC) está en peligro poniéndose así en
entredicho el crédito internacional del Perú. Ya
se sabe que el Gobierno peruano, el encabezado
por Jorge del Castillo con Alan García ya en la
Presidencia de la República, sacó buen provecho
de la entrada en vigor del TLC para hacerse
habilitar por el Congreso con unos poderes
legislativos extraordinarios, los poderes que le
permitieron la promulgación de la serie de
decretos masivamente lesivos de derechos, entre
otros de derechos de personas, comunidades y pueblos indígenas.
Pues bien, la Ministra de Comercio Exterior y
Turismo arguye ahora que con la derogación ya
habida de algunos decretos no sólo impugnados de
parte indígena, sino también cuestionados por la
Defensoría del Pueblo y por la Comisión
Multipartidaria ad hoc del Congreso, detalles que
la Ministra calla, “el Perú está incumpliendo”
dicho tratado, con lo cual, añade, los Estados
Unidos podrían imponer sanciones. Increíble,
pero cierto, el argumento. Ante su misma
inverosimilitud, es secundario, aunque
significativo, que el Embajador de Estados Unidos
en el Perú, Michael McKinley, se haya mostrado
comprensivo con dicha rectificación respaldándolo
a su modo incluso. Ha declarado: “Apoyamos (los
Estados Unidos) los derechos de las comunidades a
ser respetadas” conforme a lo que vaya a
decidirse “entre el pueblo y el Gobierno
peruanos”. La Ministra peruana en cambio
pretende que ha tenido que enviar una delegación
al Senado de Estados Unidos para explicar la
derogación de unos decretos, lo cual es algo
igualmente inverosímil a la luz de las propias
obligaciones contraídas con el TLC.
Dice más la Ministra de Comercio Exterior y
Turismo, Mercedes Aráoz. Entendiendo siempre que
así tranquiliza a los Estados Unidos, anuncia que
su ministerio ya está apresurándose en la
preparación de la legislación que sustituya a los
decretos derogados. Resulta esto sorprendente
porque, dada la materia, dicha tarea no es
competencia del Ministerio de Comercio Exterior y
Turismo y porque así además se sigue
flagrantemente ignorando el derecho cuya
conculcación ha generado toda esta crisis, el
derecho de los pueblos indígenas a ser
consultados. Y la excusa es siempre la de
urgencia de la satisfacción del libre comercio
comprometido con los Estados Unidos. Hasta los
Estados Unidos lo tienen ahora más claro. Este
Gobierno del Perú parece estar buscando la
complicidad con unos Estados Unidos que ya no
existen, los Estados Unidos del Presidente George W. Bush.
¿Y dónde queda con todo la Comisión imparcial,
una comisión que podría, entre otros resultados,
conducir a una rectificación más amplia, bastante
más amplia, de toda la legislación producida con
la excusa de la puesta en práctica de TLC? Ésta
es otra. El Gobierno peruano está dando por
supuesto que la Comisión habrá de ocuparse
estrictamente de los acontecimientos de Bagua,
una acontecimientos a los que directísimamente se
ha llegado a partir del radical vuelco
legislativo acometido con la excusa de puesta en
marcha del TLC y mediante la brutal repercusión
de este cambio en el desmantelamiento de las
garantías de derechos de personas, comunidades y
pueblos indígenas tan elementales como el derecho
a la tierra, al medio ambiente, a los recursos
propios, a la salud o, en definitiva, a la
vida. Si la Comisión no se ocupa de las causas
de lo acontecido en Bagua, su labor será bastante vana.
El Gobierno aún se empeña en que han caído más
guardias que cartagineses y en que es dato
decisivo para eximirle de toda responsabilidad
este que arroja un marcador manipulado en un
partido entre muertos. Basta con que la Comisión
se sitúe y recluya en este escenario macabro para
que la impunidad siga reinando o, mejor dicho,
presidiendo en el Perú. Tales son las
perspectivas si la iniciativa de la formación de
la Comisión se deja en manos del Gobierno o
incluso del Congreso y no se toma de parte
internacional. De parte peruana, el problema
impeditivo no es sólo de descoordinación patente,
sino también y sobre todo de responsabilidades pendientes.
_________________
* Bartolomé Clavero es Miembro del Foro
Permanente de Naciones Unidas para las Cuestiones
Indígenas.
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