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neoliberal</title></head><body>
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<div align="center"><b>Por un multilateralismo no neoliberal</b></div>
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<b>Raúl Zibechi</b><br>
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ALAI AMLATINA, 13/12/2007, Montevideo.- Tal vez la forma más
adecuada de abordar algunos conflictos sociales que están sucediendo
en nuestro continente, sea a través de una mirada de larga
duración, como la que habitualmente ensaya el sociólogo
estadounidense Immanuel Wallerstein. No hacerlo así, implica correr
el riesgo de atribuirlos a caprichos personales de algunos presidentes
o a la particular irresponsabilidad de las empresas involucradas en
esos conflictos.<br>
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En efecto, varias de las situaciones más complejas para los
movimientos sociales tienen en común dos hechos notables: forman
parte de la nueva oleada neoliberal y se producen bajo gobiernos de
signo progresista que buscan, de forma explícita, la construcción
de un mundo multipolar. El ayuno del obispo brasileño Luiz Flavio
Cappio contra la transposición del río San Francisco, la brutal
represión contra los vecinos de Dayuma (Ecuador) que demandaban
obras postergadas y el conflicto en torno a la fábrica de celulosa
Botnia que enfrenta a los gobiernos de Uruguay y Argentina, reúnen
ambas características señaladas. Similares consideraciones pueden
hacerse respecto a los monocultivos de soja y caña de azúcar, así
como las concesiones para la explotación minera en el área
andina.<br>
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Las obras que demanda la transposición del río brasileño de
2.800 kilómetros, se realizan con la excusa de llevar agua a 12
millones de nordestinos pobres que sufren escasez en la época seca.
Pero diversos estudios mostraron que las faraónicas obras, cuyo
costo se estima en algo más de 3.000 millones de dólares,
beneficiarán sobre todo a los grandes empresarios del Nordeste que
producen camarones, frutas nobles y etanol para el mercado
internacional. La Agencia Nacional de Aguas y Energía propone una
alternativa más barata para atender las necesidades de los pobres
sin agua, consistente en 530 obras que abastecerían a 1.300
municipios de la región a un costo que es sólo la mitad del que
demanda el desvío de las aguas del río San Francisco.<br>
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Es la segunda vez que Dom Cappio realiza una huelga de hambre. La
anterior fue en 2005 y la finalizó ante el compromiso de Lula da
Silva de abrir un debate con la sociedad para evaluar las obras que
liquidarían un río emblemático. Volvió a ayunar desde fines de
noviembre porque en julio el gobierno envió a los militares a
comenzar las obras. La Pastoral de la Tierra y muchos movimientos,
entre ellos el MST, rodearon el ayuno de una amplia solidaridad. Llama
la atención, e indigna, la reacción del gobierno. Durante dos
semanas silencio absoluto. Pero el domingo 10, un artículo del
ministro de Integración Nacional, Geddel Vieira Lima, publicado en
Folha de Sao Paulo, acusa al obispo de "fundamentalista", de
"despreciar las instituciones" y de "terrorismo simbólico".
Vieira no es miembro del Partido de los Trabajadores (PT) sino del
Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), pero forma
parte del gobierno Lula.<br>
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En Dayuma, en la provincia de Orellana, la represión a los
pobladores se justificó porque a raíz de la protesta social se
paralizó la producción petrolera por unas horas. El gobierno
progresista de Rafael Correa militarizó un conflicto social enviando
al ejército que reprimió con brutalidad, decretó el Estado de
Emergencia e impidió -amenazando con su renuncia- que la Asamblea
Constituyente se ocupe del tema. Dayuma es una parroquia pobre, donde
falta agua y luz, los suelos son infértiles por la contaminación y
los campesinos sufren pérdidas por muerte de animales y daño de
cultivos.<br>
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En Uruguay, el gobierno de Tabaré Vázquez militarizó en su
momento la zona donde está la multinacional finlandesa Botnia, para
evitar manifestaciones de ambientalistas. Exacerbando el nacionalismo,
cerró los puentes e instaló guardias policiales para impedir que
los miembros de la asamblea ambiental de la ciudad argentina de
Guyaleguaychú, cruzaran el río para manifestar su rechazo a la
planta de celulosa que comenzó a funcionar el mes pasado. El modelo
forestación-celulosa fue instaurado por los gobiernos neoliberales
de los años 90, pero ha sido asumido por el actual gobierno
progresista al punto que se estima que pueden instalarse entre tres y
seis grandes plantas en los próximos años.</div>
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En cada caso se justifican los emprendimientos con argumentos
similares: nada puede poner en riesgo el desarrollo de nuestros
países, entendiendo por desarrollo los megaemprendimientos que suponen
crecimiento exógeno, basado en la exportación de commodities y
materias primas que dejan poco y nada al país. Pero en los tres
casos, se asiste a una criminalización de la protesta social porque
se la considera -aunque no se lo diga siempre de modo directo- como
un estorbo para los proyectos desarrollistas de esta segunda oleada
neoliberal.<br>
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El potente crecimiento económico de Brasil -dicen desde el
gobierno- es un requisito para elevar al país y a la región toda
al rango de potencia global, lo que permitiría acotar las
vulnerabilidades y dar un paso hacia el multilateralismo en la
región y en el mundo. En Ecuador, el multilateralismo queda en
evidencia con el anuncio de Correa del traspaso de la base de Manta a
China, y la puesta en marcha del eje Manta-Manaos que forma parte de
la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional
Suramericana (IIRSA). En ese corredor carretero y fluvial juega un
papel destacado el eje petrolero denominado ITT (en las provincias
Napo y Pastaza) que sería entregado a las empresas Petrobras
(Brasil), Sinopec (China) y Enap (Chile).<br>
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Desde una mirada centrada en los movimientos sociales, un mundo
multipolar es mucho más favorable que uno unipolar hegemonizado por
los Estados Unidos. Este punto parece fuera de discusión. Sin
embargo, lo que venga a raíz de la decadencia del imperio
norteamericano, no será un paso adelante si forma parte del mismo
modelo neoliberal contra el que los pueblos, organizados en
movimientos, se pusieron en marcha. Para que el declive de la
influencia de Washington favorezca a los sectores populares
latinoamericanos, el lugar que sus multinacionales dejan vacante no
deben ocuparlo otras empresas multinacionales (sean del país que
sean), sino los estados en los que esos sectores pueden hacer pesar su
vigilancia y su voluntad de cambios.<br>
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En la década de los 90, nuestro continente fue invadido por
multinacionales europeas que se beneficiaron de las privatizaciones.
El desastre que provocaron no fue menor que el de las multinacionales
yankis. Ahora aterrizan empresas chinas, indias, mexicanas y
brasileñas. ¿Vamos a confiar en que esta vez no volverán a
esquilmar nuestros recursos y humillar a nuestros pueblos?<br>
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Más información: http://alainet.org<br>
ALAI - 30 AÑOS<br>
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Agencia Latinoamericana de Informacion</div>
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