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<b>Paraguay: Después de 197 años se produjo el primer recambio
democrático</b><br>
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<b>Fernando Del Corro*</b>
ALAI AMLATINA, 15/07/2008,Asunción.- Entre el 14 y el 15 de mayo de 1811
el Paraguay declaró su independencia. Fue la primera manifestación plena
de uno de los actuales países de la región. Desde entonces han pasado
nada menos que 197, pocos para la historia humana pero muchísimos si se
considera que en ese período hoy, por vez primera, una fuerza política
le cedió el gobierno a otra. El reemplazo de Nicanor Duarte Frutos y su
Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado) por Fernando Lugo al
frente de la Alianza Patriótica por el Cambio (APC) es ese primer relevo
apelando a un mecanismo electoral. En estos casi dos siglos sólo ello
aconteció por vía de la violencia.
La asunción de Lugo tuvo varias características de trascendencia, amén
de esa condición histórica de tanta importancia. Tal vez,
mayoritariamente, para la cantidad de asistentes extranjeros a la
ceremonia y hasta para algunos paraguayos, dentro de la variopinta y
hasta contradictoria representatividad de todos ellos, hayan pasado
inadvertidos algunos gestos simbólicos del nuevo presidente. Por empezar
su vestimenta que, siguiendo la línea inaugurada por el boliviano Evo
Morales, que reivindica a los pueblos originarios, rompe con las formas
de la urbanidad occidental del traje y la más reciente corbata inventada
ya avanzado el Siglo XX.
Muchos creerán que la camisa con la que pronunció un estentóreo “Sí, lo
juro” tiene relación con su condición de religioso, ya que tiene algún
parecido con la vestimenta informal de los clérigos. Pero no. Lugo se
apareció con la clásica camisa del mariscal Francisco Solano López, a
quién luego reivindicó en su discurso. Discurso que no debe haber
agradado, entre la melange de asistentes, a exponentes de la derecha
argentina allí presentes como a las delegaciones del macrista PRO y de
la Coalición Cívica
Y por si fuera poco reivindicó un par de veces al gran revolucionario
latinoamericano que fue el presidente José Gaspar Rodríguez de Francia,
vilipendiado por la historiografía liberal. La reivindicación explícita
de Rodríguez de Francia fue seguida de otras implícitas a medida que fue
delineando su futura gestión gubernamental. En primer lugar cuando leyó
la carta que aquél redactara y dirigiera al gobierno de las Provincias
Unidas del Río de la Plata el 25 de julio de 1811 la junta de gobierno
paraguaya donde, a la par que reivindicara la ruptura con el tradicional
amo español, se manifestara la decisión de no aceptar hacia el futuro
ningún otro vasallaje.
Los mayores aplausos a su discurso -amén de los propiciados por la
multitud que enarbolaba banderas de fuerzas de izquierda- entre los
ocupantes de los lugares reservados a los invitados especiales, partían
de políticos, intelectuales, religiosos y otros que también se inscriben
entre los partidarios de los grandes cambios sociales. El teólogo de la
liberación brasilero Leonardo Boff rebozaba de satisfacción cuando Lugo
se comprometió a defender los bosques naturales aún supérstites en el
Paraguay y a impulsar proyectos comunes en la materia con los estados
vecinos. Boff asesorará a Lugo en la materia.
Desde la “popular” los mayores aplausos se hicieron notar cuando habló
de la cuestión aborigen y de la problemática de la niñez y la infancia.
El ex obispo de San Pedro estableció dos clases de especialmente
favorecidos para el futuro de la sociedad paraguaya. Como al estilo de
aquél “los únicos privilegiados son los niños” de la Constitución social
argentina de 1949. En este caso los privilegiados, para los que no
utilizó tal denominación, serán los aborígenes y los niños, quienes,
según manifestó son hasta hoy, ignorados por los estamentos del poder y,
particularmente, por la justicia.
Su relación con la tradición de las antiguas etnias de la región la
ratificó, además, al exponer su pensamiento, en diversas oportunidades,
a lo largo de su prolongado discurso, en la lengua guaraní, con el
añadido de garantizar la inviolabilidad de las tierras de esas
comunidades, a las que no podrá aspirar ningún “blanco”, según enfatizó.
Un tramo importante fue el destinado a comprometerse a frenar la
diáspora paraguaya. En tal sentido dio las gracias a los argentinos,
personificados en la presencia de la “presidenta Cristina”, por haber
dado trabajo a millones de paraguayos desde los años 1930, sobre todo en
la industria de la construcción. Emigración que en las últimas décadas
también apuntó hacia otras regiones del planeta como Europa y los
Estados Unidos de América. Emigrantes que hoy representan el tercer
ingreso de recursos del Paraguay, tema que no fue mencionado por el
nuevo presidente quién, por el contrario, expresó que aspira a que en un
porvenir no lejano cada paraguayo pueda ganarse dignamente la vida en su
país.
En ese marco señaló la importancia de la cuestión de la tierra,
comprometido como está desde la campaña electoral con la cuestión de la
reforma agraria. Y también habló, implícitamente, de las relaciones con
la Argentina y el Brasil, fundamentalmente con este último, por el
reparto de los beneficios de las represas de Yacyretá e Itaipú. Fue
cuando señaló que algunas cuestiones nacionales en realidad son
binacionales y que en ese marco de integración, en el cual dijo creer,
lo que deben primar son los hechos de legítima justicia, más allá de
algunos argumentos meramente jurídicos.
Lugo, que se comprometió a luchar por “justos, los débiles y los
perseguidos”, reconoció que no hay plazos estimables para encontrar
soluciones y pidió ayuda al conjunto de la población, sin banderías. El
tema no parece ser fácil. Sus fuerzas propias en el parlamento son
escasas, aunque cuente con una manifiesta adhesión popular. Sus propios
aliados del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) se manifiestan
insatisfechos porque consideran que no han cobrado lo suficiente en la
composición del nuevo gobierno. Un 80 por ciento de los liberales parece
estar dispuesto a tener paciencia, pero otro 20 por ciento da
radicalidad a sus reclamos.
Desde el derrotado coloradismo los mayores problemas surgen del saliente
Duarte Frutos y sus tropas, algo que se suma al rechazo de la APC para
aprobarle su diploma de senador electo. Algunos acuerdos trasuntan que
podrá llegar a tener alguna colaboración de la Unión de Ciudadanos
Eticos (UNACE) que encabeza el general Lino César Oviedo, lo que quedó
reflejado en las palabras de Enrique González Quintana, quién en
representación de esa fuerza preside el Senado paraguayo, y quién
comprometió un espíritu colaborador mediante un discurso en el que
predominó el guaraní por sobre el castellano.
Un discurso importante en tales circunstancias, y en un acto al que,
finalmente, no asistió el dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang
–el mismo al que cuestionó severamente en su momento la presidenta
argentina Cristina Elisabet Fernández-, a pesar de haber anunciado su
presencia, y en el cual no fue mencionada la presencia del secretario de
Comercio de los Estados Unidos de América, Carlos Gutiérrez, quién sí
estuvo sentado entre los asistentes, uno de los cuales, el presidente de
Taiwán, Ma Ying-jeou, debe haber seguido todo con mucha preocupación ya
que un tema en discusión a saldarse en el futuro gobierno de Lugo es
saber si mantendrá las relaciones diplomáticas con la provincia china
rebelde o si las dejará de lado para establecerlas con el gobierno de la
verdadera China que, en aplicación de la “Doctrina Zhou” (por el ex
canciller Zhou En-lai), no acepta intercambiar embajadores con aquellas
naciones, hoy muy pocas, que las mantengan con las autoridades
aposentadas en Taipeh.
___________________
* Fernando Del Corro
Periodista, historiador y docente de la Facultad de Ciencias Económicas
(FCE) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina. Integrante de
la redacción de MERCOSUR Noticias.
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