[Prensacampo-l] Hay menos tierras de cultivo que hace 16 años

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Lun Dic 15 12:20:42 CST 2008


La jornada 15 de Diciembre de 2008

México SA

Carlos Fernández-Vega
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El campo mexicano, cada día peor

Hay menos tierras de cultivo que hace 16 años

El campo mexicano, reza la versión oficial, se ha “modernizado” y va de 
maravilla; la real, que cada día está peor y el TLCAN lo descuartiza. 
¿Cuál es la buena? El Centro de Estudios para el Desarrollo Rural 
Sustentable y la Soberanía Alimentaria de la Cámara de Diputados ayuda y 
documenta para elegir correctamente, en esta segunda entrega de los 
/Saldos de las reformas de 1992 al artículo 27 constitucional./

El reparto social de tierras tiene varias implicaciones que contravienen 
los propósitos que se pretendían alcanzar con las modificaciones al 27 
constitucional: se fraccionó más la tierra. Ahora existen más sujetos en 
prácticamente la misma tierra y con predios más pequeños. El promedio de 
superficie parcelada pasó de 9.1 a 7.5 hectáreas por sujeto agrario. El 
objetivo de promover unidades de producción (UP) más grandes que 
permitieran economías de mayor escala ahora se encuentra más lejos de 
alcanzar, lo que obliga a pensar en políticas públicas que reconozcan al 
minifundio como la UP predominante en nuestro país.

Continúa la incertidumbre en la tenencia de la tierra. La aceptación 
bajo mecanismos no establecidos en la normatividad agraria de nuevos 
sujetos agrarios genera incertidumbre. Dos ejemplos de lo anterior son: 
el Registro Agrario Nacional regularizó a 610 mil 975 posesionarios 
(sujetos agrarios no reconocidos en la actual Ley Agraria). Por su 
parte, el Censo Ejidal 2007 identificó a 1.4 millones de posesionarios, 
136 por ciento más de lo reportado por el RAN para el mismo periodo, los 
cuales no cuentan con documentos que avalen la posesión de sus tierras 
al interior de los ejidos y comunidades ya que no fueron regularizados 
por el Procede.

El Inegi identificó que en 11 mil 361 núcleos agrarios compraron tierras 
personas ajenas al ejido, lo que contraviene el artículo 80 de la Ley 
Agraria que a la letra dice “los ejidatarios podrán enajenar sus 
derechos parcelarios a otros ejidatarios o avecindados del mismo núcleo 
de población…” Los datos anteriores obligan a preguntarnos una vez más 
en manos de quién está la tierra y cuál es la situación jurídica de sus 
ocupantes. También nos obliga a pensar sobre la pertinencia de emprender 
un barrido catastral para regularizar la tenencia de la tierra de sus 
actuales poseedores y del papel real que debe jugar la Procuraduría 
Agraria pues su presencia no logró frenar las irregularidades en las 
formas de acceso a la tierra.

El minifundio en lugar de revertirse, como pretendían las reformas de 
1992, se acentuó y mantiene una tendencia creciente. De 1992 a 2001 la 
superficie parcelada por sujeto agrario pasó de 9.1 a 8.5 hectáreas y 
para 2007 había disminuido a 7.5 hectáreas. En 16 años los predios de 
ejidatarios y comuneros perdieron el 21 por ciento de su tamaño. En el 
caso de los posesionarios, de acuerdo con las estadísticas del sector 
agrario, la situación es aún más grave pues cuentan con predios promedio 
de cuatro hectáreas por sujeto.

Lo anterior significa que actualmente existen un mayor número de 
ejidatarios y comuneros que no se pueden sostener del trabajo de la 
tierra respecto de los que había en 1992, porque no se revirtió el 
minifundio sino se acrecentó. Es importante recordar que el minifundio 
está presente en ambos regímenes de tenencia de la tierra (ejidal y 
privado) y no va a desaparecer en los próximos años. Hay que esforzarse 
para que este tipo de unidad sea viable en un futuro. Se requiere 
construir políticas acordes con este tipo de unidades de producción, 
realizar investigación que dé respuesta a sus requerimientos 
tecnológicos y construir normas jurídicas que la protejan y la impulsen.

Con las modificaciones de 1992 se esperaba que la eliminación de normas 
restrictivas, acompañada de la regularización de la tenencia de la 
tierra, generara un ambiente propicio para el desarrollo del campo 
mexicano y por lo tanto se contaría con una mayor inversión productiva 
tanto del gobierno como del sector privado. Pues bien, tampoco se 
alcanzó el propósito de capitalizar a los ejidos y comunidades. En estos 
16 años disminuyó la superficie de labor, el número de bordos para 
abrevadero, la existencia de tractores, el equipamiento ganadero y el 
número de bodegas por núcleo agrario. En 2008, por su rezago 
tecnológico, la propiedad “social” enfrenta mayores dificultades para 
competir que en 1991. Tampoco puede dar respuesta a las necesidades 
crecientes de alimentos que requiere el país, en momentos de crisis 
alimentaria mundial. Es necesario revertir dicha tendencia y ver a los 
ejidos y comunidades como la base para lograr la soberanía y seguridad 
alimentaria. Recordemos que bajo esta forma de tenencia de la tierra se 
encuentra la mitad del territorio nacional.

De acuerdo con su destino se encontró que en 1991 los ejidos y 
comunidades contaban con 22.7 millones de hectáreas de labor mientras 
que en 2007 apenas se llegó a 20.5 millones de hectáreas. Lo 
contrastante es que actualmente hay mayor superficie parcelada que la 
que se tenía hace 16 años y menos superficie sembrada. Se continúan 
desmontando tierras de bosques o selvas para abrirlas al cultivo, sin 
reconocer que no tienen dicha vocación. Los bajos rendimientos que se 
obtienen en este tipo de tierras conducen invariablemente a su abandono 
con la consecuente pérdida de importantes recursos naturales.

En el periodo analizado, 11 mil 906 ejidos y comunidades dejaron de 
tener tractores propios; 5 mil 396 trilladoras, 4 mil 156 equipos o 
instalaciones de baño garrapaticida, 2 mil 955 equipos o instalaciones 
de ordeña, 469 equipos o instalaciones de nave para aves y 615 equipos o 
instalaciones de nave para cerdos. Además, los núcleos agrarios con 
bordos para abrevadero disminuyeron de 8 mil 545 a 7 mil 833.

Los núcleos agrarios con bodegas disminuyeron 101; la cantidad de 
bodegas pasó de 7 mil 597 a 7 mil 451 y la superficie bajo este rubro se 
redujo en 4.6 millones de metros cuadrados. En muy pocos años se perdió 
gran parte de esta infraestructura, con lo que disminuyeron las 
posibilidades de que los ejidos y comunidades puedan darle valor 
agregado a su producción.

En cuanto a la disponibilidad de agua de riego, en 1991 se registraron 2 
millones de hectáreas con riego; en 2007, 3.7 millones. Aumentó el 
número de pozos para riego de 3 mil 859 a 4 mil 874. Aún así, una mayor 
superficie irrigada no se reflejó en mayor número de hectáreas 
cultivadas. Por el contrario, la superficie de labor disminuyó en 2.2 
millones de hectáreas.

Poco más de tres lustros después, en lugar de avanzar tecnológicamente 
se retrocedió. En estas condiciones, ejidos y comunidades tienen ahora 
mayores dificultades para competir en los mercados globales que en 1991.




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