[Prensacampo-l] Maiz mexicano y sorgo de Alepo, leccion amarga

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Mie Oct 21 13:55:58 CDT 2009


La jornada 21de Octubre de 2009

Maíz mexicano y sorgo de Alepo: lección amarga

_Alejandro Nadal_

Un fantasma recorre los campos del Chaco, en el norte de Argentina. 
Después de meses de investigaciones y acaloradas disputas, se ha 
confirmado la existencia de un biotipo de sorgo de Alepo (/Sorghum 
halepense/) resistente al herbicida glifosato en la provincia de Salta. 
Es el primer caso de una variedad de sorgo de Alepo resistente al 
glifosato desde que este herbicida comenzó a usarse en el mundo, hace 
tres décadas. La difusión de esta maleza a través de las cosechadoras 
que circulan por todos lados después de cada ciclo agrícola no es un 
buen augurio.

La presencia del sorgo de Alepo resistente al glifosato (SARG) ya ha 
sido reconocida por el principal organismo encargado de vigilar malezas 
a nivel mundial (www.weedscience.org <http://www.weedscience.org>). Este 
hallazgo es una pesadilla hecha realidad para los productores de soya 
transgénica.

Es también una lección para la Sagarpa, que acaba de autorizar 
ilegalmente las primeras siembras experimentales de maíz transgénico en 
nuestro país. Es el primer paso en el camino para autorizar la siembra 
comercial y consolidar la liberación al ambiente mexicano del maíz 
genéticamente modificado, con graves riesgos para el germoplasma maicero 
en nuestro país, centro de origen de este cultivo de importancia mundial.

Vamos por partes. El sorgo de Alepo, también conocido como zacate 
Johnson, es una de las 10 principales malezas que afectan a la 
agricultura de climas templados. Es una maleza perenne, dotada de 
grandes capacidades para reproducirse y sobrevivir al control con medios 
mecánicos. La ironía es que en muchos países, incluida Argentina, fue 
introducida como especie forrajera, precisamente por su adaptabilidad y 
alta productividad. En pocos años se fue convirtiendo en una plaga cuyo 
combate con agentes químicos ha tenido grandes costos para los 
agricultores y la biodiversidad.

Para luchar contra esta maleza perfecta se ha venido usando el 
glifosato, herbicida de amplio espectro que destruye en plantas 
superiores la capacidad de sintetizar tres aminoácidos esenciales. Es el 
herbicida no selectivo de mayor venta en el mundo y su expansión se 
aceleró con los cultivos transgénicos como la soya Roundup Ready de 
Monsanto, genéticamente modificada para aumentar su resistencia al 
glifosato.

En la actualidad, la soya transgénica es sembrada en 18 millones de 
hectáreas en Argentina. Este cultivo transformó el paisaje rural de la 
pampa, trastocando las relaciones sociales que permitían la pequeña 
agricultura y abriendo las puertas al agronegocio de gran escala. Las 
exportaciones de soya son el principal sostén de la política fiscal: 18 
por ciento de los ingresos fiscales totales provienen del impuesto a las 
ventas de soya al exterior. Pero el colapso de esta burbuja de la soya 
es cosa de tiempo. La aparición del SARG es sólo un aviso.

La soya transgénica usa un paquete tecnológico de siembra directa (o 
labranza mínima), en el que se deja al rastrojo cubrir la tierra para 
protegerla de lluvia y viento. Eso reduce los riesgos de erosión, pero 
debe acompañarse de un incremento en el empleo de herbicidas. Este 
cultivo ha estado asociado a un crecimiento espectacular del uso de 
estos insumos: en sólo 10 años el consumo de glifosato pasó de 15 a 200 
millones de litros.

El resultado al final del camino era de esperarse: tarde o temprano 
tenían que aparecer especies resistentes a las estrategias diseñadas y 
puestas en marcha por esta agricultura comercial. Con la difusión del 
paquete tecnológico de la soya transgénica esa resistencia aparecería 
más rápidamente, pues el proceso de co-evolución (que en el fondo es lo 
que rige este fenómeno) se iría acelerando.

Es lo que sucederá al maíz transgénico cuya siembra está autorizando la 
Sagarpa. La aparición de insectos resistentes a la toxina que producen 
los cultivos transgénicos Bt es cuestión de tiempo. Todavía no se 
detectan grandes brotes de poblaciones resistentes a la toxina Bt, pero 
en parte eso se debe a la estrategia que consiste en dejar refugios de 
plantas no transgénicas en las parcelas. En Estados Unidos esa práctica 
ha sido acompañada del uso complementario de insecticidas. Pero la 
advertencia de ecólogos y agrónomos sigue vigente: esas estrategias sólo 
retrasan el proceso de aparición de insectos resistentes al Bt, no lo 
detienen. La siembra de maíz transgénico en México aumentará la 
probabilidad de que surjan poblaciones de insectos resistentes al Bt en 
menor tiempo. Ése no es el único problema, pero el ejemplo del SARG es 
una señal que no debemos ignorar.

La trayectoria tecnológica de los cultivos genéticamente modificados es 
un callejón sin salida. Claro, para las compañías y sus cómplices en el 
gobierno, éste es un buen instrumento para adueñarse del campo y 
transformarlo en su espacio de rentabilidad. Para la Sagarpa y el 
gobierno, nada debe interponerse entre las compañías transnacionales y 
la rentabilidad, ni siquiera la débil legislación sobre bioseguridad que 
fue diseñada para servir los intereses de esas mismas empresas.

http://nadal.com.mx

 



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