[Prensacampo-l] Contracaras de la migracion

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Mar Sep 1 12:57:36 CDT 2009


La jornada 30 de agosto de 2009

Contracaras de la migración

De acuerdo con datos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, 246 
mexicanos perdieron la vida entre enero y julio del presente año al 
intentar introducirse en Estados Unidos. Estas muertes aumentan un 
indicador por demás doloroso, que ha cobrado especial notoriedad a raíz 
de que en 1994, con la puesta en marcha de la llamada Operación 
Guardián, el gobierno de la nación vecina recrudeció su política de 
control fronterizo: de entonces a la fecha, se han registrado más de 5 
mil muertes de mexicanos en región limítrofe.

Los datos referidos confirman, en primer lugar, que la actual crisis 
económica, cuyo origen tuvo lugar en Estados Unidos, no sólo no ha 
derivado en una repatriación masiva de connacionales –pese a que las 
principales fuentes de empleo de mexicanos en aquella nación, la 
construcción de viviendas y el sector manufacturero, se han visto 
particularmente afectadas–, sino que tampoco redujo notoriamente el 
flujo de personas que abandonan el país ante la falta de oportunidades 
de empleo y desarrollo. A lo sumo, el reforzamiento de los controles 
fronterizos ha obligado a los migrantes a buscar formas más inseguras, 
peligrosas y, en última instancia, más mortíferas para cruzar la frontera.

En las pasadas administraciones, las autoridades federales se han 
referido casi con naturalidad a las remesas de los trabajadores 
mexicanos en el país vecino –las cuales constituyen, cabe recordarlo, la 
segunda fuente de divisas para el país, sólo por debajo de las 
exportaciones petroleras– e incluso han llegado a contarlas como un 
componente ordinario y hasta deseable de nuestra economía, al grado que 
hoy algunos funcionarios se lamentan por la disminución en el flujo del 
dinero enviado desde Estados Unidos.

Tal visión omite, sin embargo, que la emigración y sus consecuencias 
–incluidas las remesas– son reflejo de la política económica aplicada en 
pasados sexenios y continuada por el gobierno en turno, y que, como tal, 
son resultado indirecto del desempleo, la desigualdad y la pobreza 
extrema en que se ha sumido a buena parte de la población durante más de 
dos décadas de neoliberalismo. También suele omitirse que mucho del 
dinero que se recibe por ese concepto tiene su origen en historias de 
sufrimiento personal o familiar, que han obligado a millones de personas 
a emprender viajes inciertos y peligrosos.

A las consideraciones anteriores se debe añadir el hecho de que, 
contrario a lo que suele pensarse, las remesas de los migrantes no 
necesariamente constituyen un elemento de impulso al desarrollo de sus 
comunidades; como se reporta en el estudio /Migración internacional y 
escolaridad como medios alternativos de movilidad social/, elaborado por 
las investigadoras Carla Pederzini y Liliana Meza, la migración de 
mexicanos a Estados Unidos ha afectado “negativa y significativamente” a 
la educación en México, pues los dólares enviados a nuestro país no han 
servido para motivar que niños y jóvenes vayan a la escuela, en cambio, 
las comunidades expulsoras de migrantes tienden a promover menos la 
educación entre sus habitantes, lo que constituye un lastre fundamental 
para que éstos abandonen la pobreza. Se asiste, así, a la configuración 
de un círculo vicioso, pues en la medida en que las condiciones 
educativas no mejoren, difícilmente se podrá aspirar a ser una economía 
competitiva y, por tanto, a tener otro destino como país que el seguir 
expulsando gente al exterior.

Los elementos de juicio mencionados hacen necesario que, al igual que en 
otros ámbitos del quehacer gubernamental, los actuales encargados de la 
conducción nacional den un golpe de timón y se consagren a la tarea de 
emprender mecanismos que reparen la capacidad de la economía y el 
mercado internos para generar empleos suficientes. Lejos de esperar a 
que la recuperación estadunidense reactive la demanda de mano de obra 
indocumentada y reanime con ello el flujo de remesas, el gobierno debe 
procurar que los mexicanos puedan vivir y desarrollarse en su propia 
nación, pues de lo contrario se estaría asumiendo como algo aceptable el 
sufrimiento y el peligro al que diariamente se enfrentan miles de personas.



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